World Press Photo: un llanto vale más que mil palabras

No hay sonido ni movimiento, pero basta con plantarse delante de la imagen, foto fija de la política migratoria estadounidense, para que el llanto de la pequeña Yanela Sánchez atraviese tabiques y sacuda el tímpano. No hay sonido, no, pero llora Yanela desconsolada mientras un policía de fronteras cachea a su madre en la frontera de McAllen (Texas). «Cuando tomé la fotografía sabía que era importante, pero no imaginé que tendría semejante impacto», explica John Moore, autor de una instantánea que, desde la portada del The New York Times primero y viralizada a través de las redes sociales más tarde, se convirtió en símbolo de las familias migrantes separadas por orden de la Administración Trump. «Cambiaron la política una semana después, pero no sabría decir si la fotografía tuvo algo que ver», desliza el fotógrafo estadounidense mientras su foto, asépticamente titulada «Niña llorando en la frontera», preside la sala del Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) que hasta el 26 de mayo expone los trabajos ganadores del World Press Photo. La icónica imagen de Moore, galardonada con el premio a la foto del año, comparte así protagonismo con otras series que capturan desde los efectos colaterales del desarme de las FARC a la epidemia de sobredosis de opiáceos en Estados Unidos, los destrozos causados por la erupción del Volcán del Fuego en Guatemala o la caravana de migrantes centroamericanos que viajó hasta la frontera estadounidense y con la que el holandés Pieter ten Hoopen se llevó el premio al reportaje del año. «No es solo abrir las cajas y colgar las fotos: se trata de asumir que podemos estar mejor informados y ahondar en los retos del sector», defiende Sílvia Omedes, directora de la Fundación Photographic Social Vision. Se trata, en suma, de poner en valor el fotoperiodismo y, como destaca Babette Warendorf, coordinadora de exposiciones del World Press Photo, «conectar a la gente con las historias que importan». Historias como la de los granjeros menonitas que cultivan soja en Campeche o, cambiando de continente, como la de las Akashinga, una unidad femenina contra la caza furtiva que opera en Zimbabue. Historias, en fin, como la de Yanela y su madre, un disparo de apenas un segundo con el que Moore resumió toda una vida laboral. «La foto de la niña vino después de diez años de trabajo», apunta . Diez años de trabajo a ambos lados de la frontera, documentando los flujos migratorios con la voluntad de «educar». «Aunque la objetividad pura sea difícil en esta profesión, sí que podemos ser justos», destaca. Su objetivo, añade, no es otro que el de contar la historia desde muchos lados. «A veces mis fotos salen de una forma que es vergonzosa para el Gobierno norteamericano y a veces al contrario, pero todos los lados de esta historia me siguen dando acceso a cubrir las historias porque piensan que soy justo en mi cobertura», ilustra el fotógrafo.
Fuente de la noticia ABC

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