Una década «maldita» para los sátrapas africanos

No ha sido una buena década para los dictadores africanos. La caída de Omar al Bashir, que ha estado tres décadas gobernando con puño de hierro Sudán, se une a la lista de mandatarios que han abandonado el poder después de largos años al mando. El primero en caer fue Zine El Abidine Ben Ali, en Túnez. Víctima de la Primavera Árabe, tras las masivas protestas, Ben Ali –que llevaba 23 años al frente del país– huyó a Arabia Saudí junto a su corrupta esposa. El siguiente fue Hosni Mubarak en Egipto. El faraón (30 años de «reinado») terminó en la cárcel, hasta que la llegada de su alter ego al poder, el mariscal Al Sisi, llevara a un acuerdo para ser liberado en 2017.

Mucho más atroz fue el final de Muamar Gadafi (42 años liderando Libia). Las imágenes del dictador empalado recorrieron los informativos de todo el mundo. Seis años después, hubo sonadas destituciones de presidentes eternos. Jose Eduardo Dos Santos dejó el poder en Angola después de 37 años. Dos meses después, Robert Mugabe era expulsado del palacio presidencial de Zimbabue. También en 2017 Yahya Jammeh –al frente de Gambia desde 1994– abandonaba el poder al reconocer por fin que había perdido las elecciones de 2016. Fue forzado a exiliarse. Joseph Kabila, quien heredó la presidencia de R D Congo en 2001, no pudo presentarse a la reelección en enero de 2019. Tampoco ha podido optar a un quinto mandato en Argelia el octogenario Abdelaziz Buteflika, después de 20 años de imperio.

Fuente de la noticia La Razón

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