Una Copa del Rey sin respiros

Tantas vueltas venía dando el fútbol español, pendiente de la Supercopa en Arabia Saudí mientras el nuevo formato de Copa del Rey cogía vuelo de tapadillo –ya lo hizo en su primera jornada al coincidir con el Barcelona-Real Madrid aplazado–, que lo importante corría el riesgo de pasar desapercibido. Pasó el tiempo, se apagaron los focos itinerantes y llegó el turno de lo de imprescindible: la pelota y su gente. El fútbol y sus circunstancias. No hubo más que ver el jolgorio que el pasado miércoles, pleno 22 de enero en una Ibiza con aire de periodo de entreguerras, despertó el aterrizaje del Barcelona. Poco importó que Messi se hubiera quedado al resguardo de su calefacción. Por Can Misses desfilaron 6.445 espectadores para organizar una fiesta tradicionalmente ajena a su isla, acostumbrada a reservar las grandes celebraciones en torno a la pelota a los asuetos de quienes huyen de ella por unos días. Durante 72 minutos, hasta que apareció Griezmann, el verano pareció a la vuelta de la esquina. En Salamanca, poco que ver con el exotismo pitiuso, al Madrid le tocó dejar el fondo de armario para citas más amables. Zidane alineó un equipo con trazos de titular que rozó el gripazo tras el gol de Romero, empate y un papelón de aúpa con 4.000 gargantas desafiando al invierno salmantino. El aprobado para este nuevo formato está en que Setién, con la victoria sobre el Granada como único registro en su hoja de servicios, viese durante más de una hora un abismo a sus pies. El Madrid encajó un gol tras una jugada en la que Nacho y Carvajal pecaron por exceso de pasividad. Sin dejar lugar a las dudas, el equipo subió dos marchas y se afanó por resolver el entuerto. Jugadores titularísimos no tuvieron respiro entre semana, por más que en tres días tengan que volver a partirse la cara por seguir cumpliendo objetivos en la Liga. Otros equipos de Primera tuvieron menos suerte, caso del Mallorca en Zaragoza o del Valladolid en Tenerife. La diferencia respecto a los equipos que disputan competición europea, claro está, no es la misma, pero eso será motivo de discusión en eventuales actualizaciones del modelo. Osasuna necesitó ir a la prórroga para deshacerse del Recreativo, igual que el Granada, exigido en Badalona. Peor aún lo tuvo el Athletic, una institución copera que tuvo que esperar a los penaltis para resolver su cruce con el Elche. El valor de la competición
En resumen: emociones aparte, en la mayoría de los casos ocurrió lo que al cabo era más probable. Por muchos retoques que se le hagan a la Copa, con el anhelo del modelo alemán o el francés como siguiente estadio evolutivo –sorteos puros desde el principio y partido único en el campo del equipo pequeño siempre y cuando haya al menos dos categorías de diferencia–, los buenos terminarán ganando casi siempre. Es lo normal, nadie lo discute. Lo que se ponía en cuestión aquí era el escaso valor de una competición donde que el Ibiza o el Unionistas pusiesen contra las cuerdas a los de siempre estaba condenado a diluirse en el anecdotario popular a la espera de resolver el asunto en el partido de vuelta, en casa del equipo grande y con noventa minutos más para sacar un equipo de garantías, concienciado de la necesidad de dar el máximo y con noventa minutos extra para dar espacio a que su superioridad –deportiva, estructural, económica– hiciese la diferencia.
Fuente de la noticia ABC

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