“Tu patria es tu familia, donde dejas el sombrero”

ECarmen s. macías – scribe desde niño y confiesa con humor que lo hace por «abierta inutilidad para un trabajo honrado». En «Un lugar al que volver», (Planeta), escribe sobre el amor, las relaciones entre padres e hijos y momentos fugaces, «instantes decisivos» que se captan con una cámara fotográfica y no vuelven jamás.

–«Un lugar al que volver». ¿A dónde volvería usted?

–Estoy en un punto bastante cómodo ahora mismo, no me apetecería regresar a la infancia, me espantaría la idea de tener que vivir de nuevo la adolescencia y a lo mejor volver a los 30 años.

–Hay quien dice que uno vuelve a todos los sitios donde fue feliz… ¿Por eso su título?

–Básicamente porque la excusa argumental más evidente en primer término es que el personaje de Tess, la protagonista, una mujer de Miami, decide emprender un viaje a España para volver al pueblo donde vivieron sus abuelos y que abandonaron una semana antes de la guerra civil. En la novela hay más lugares a los que volver. Por ejemplo, el español como idioma también es un lugar para volver para ellos. Ella aprendió español de niña, lo olvidó y decide volver a ello.

–¿Un libro nos puede cambiar la vida?

–El protagonista de la novela dice que no. Yo estaría de acuerdo con él. Creo que te puede cambiar puntos de vista, te puede añadir cosas a la vida, enseñar, pero no creo que te cambie la vida.

–¿Cree que las crisis pueden ser una oportunidad?

–No estoy muy seguro de ello. Es una «axious machine» o probablemente algo inventado por alguien de Facebook. Una crisis es una crisis, el hecho de que lo conviertas en algo bueno es parte de la inteligencia emocional.

– «La única patria del exiliado es la memoria». ¿A quién o a qué convertiría en patria?

–Yo soy vasco y estoy muy en contra de las patrias en casi cualquier sentido. Tu patria es donde dejas el sombrero, tu familia, tu casa, tus amigos…

–¿Olvidamos con demasiada frecuencia la historia de nuestros abuelos?

–Sin duda, eso está constantemente en la novela. De alguna manera reivindica esos pasados, que somos fruto de las consecuencias de otros que vivieron antes que nosotros. Es importante reivindicar el pasado.

–Si los recordáramos más ¿seríamos mejores personas?

–No sé, pero nuestra sociedad sería diferente, sin duda. Seríamos al menos más conscientes de por qué somos lo que somos como país, incluso como continente. De dónde venimos y por qué. La gente en general cree que todo es casual, expontáneo, pero obviamente son consquistas lárgamente perseguidas, es la lucha de muchos desde hace siglos.

Dice que la única verdad es la pérdida. ¿No es un poco pesimista?

–Probablemente es pesimista, pero tal vez sea verdad. Ya he dicho que he intentado que en todo haya verdad.

–¿Se ha reinventado muchas veces?

–Constantemente.

–¿Cuál es su último reinvento?

–Convertirme en guionistas de tebeos, de cómics.

–¿Qué escribe ahora?

–El de «Los enciclopedistas», cuenta unos asesinatos en plena ilustración en París entre los editores de la enciclopedia.

–¿Qué parte de fe hay en su novela?

–¿Fe en general? Creo que hay mucha en la posibilidad de cambio de las personas, aunque yo no estoy muy seguro de que sea posible. Hay fe en la magia…

–¿Por qué cree que la gente no puede cambiar?

–Creo que la capacidad de cambio en los humanos es limitada por genética, determinación social, por dónde te has criado… Pueden influir algunas costumbres, pero no la educación, etc…

–Si le llamaran para ser ministro, ¿diría que sí?

–Jamás, jamás; con nadie, no en la liga de las estrellas.

–¿Para el próximo gobierno no se postula? ¿Ni para escribir discursos?

–No, ¡qué pereza! A no ser que crearan un Ministerio como muy excéntrico, como por ejemplo el de los pelirrojos, que hubiera una gestión propia de los pelirrojos. Sería como el concierto económico vasco, pero aplicado a los pelirrojos.

–¿Cuántos partidos necesita para ese Gobierno?

–Creo que un partido español si no está conformado por 10 o 12 no merece la pena.

–¿A quién le regalaría su novela del arco parlamentario?

–A Aitor Esteban, que es de mi pueblo.

–¿Qué le dedicaría?

–Algo frío, tampoco nos volvamos locos. Le pondría: «Ojalá te guste». Él es vasco y yo soy vasco. Nada de emoción en esto.

Fuente de la noticia La Razón

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