Tiger Woods honrará a sus colegas con fajitas y chuletas

El golf es un deporte de tradiciones, pero donde las costumbres se subliman hasta el máximo es en el Masters de Augusta. El primer grande de la temporada lleva a gala ser el torneo más exclusivo y el que tiene unos hábitos más consolidados. Por eso, no es de extrañar que uno de sus valores sea el de honrar a sus mayores. Ser capaces de ganar la chaqueta verde acarrea, además de un gran cheque, el derecho de ser socio de honor del Augusta National. Desde la fecha del triunfo en adelante dispondrá de una taquilla en el vestuario y de la potestad de vestir la prenda en todo momento. Además, podrán participar de por vida en el torneo «mientras se mantengan competitivos» (lo que, en vista de la extrema dureza que cada año tiene el campo, significa que suelen desistir antes de cumplir los 60 años). Una tradición desde 1952
Pero, en el fondo, con lo que más disfrutan los antiguos vencedores es con los actos previos que se celebran antes de comenzar el torneo –este año arrancará el 9 de abril–. Y, en concreto, con la cena de campeones. En 1952 el mítico Ben Hogan sugirió formar un club de campeones e instauró una cena anual en la que el último ganador invitaría a los anteriores. Y desde entonces, a la mayoría de los golfistas les cuesta casi tantos sudores conseguir la victoria en los hoyos como diseñar un menú que satisfaga a todos los comensales. La cuestión no es baladí, ya que los miembros de este selecto senado cada temporada tienen más ediciones para comparar y, sobre todo los más jóvenes, ya no saben cómo acertar. «La verdad es que no suele ser una noche en la que todos acabemos de acuerdo», señala con ironía José Mari Olazábal, que desde que se impuso en 1994 ha participado en las veladas posteriores. Y eso que desde que Seve Ballesteros abrió la veda a los internacionales en los ochenta mejoraron las cosas, pues los estadounidenses no son conocidos especialmente por su amor a los fogones. Salvo el petardazo unámine que pegó Sandy Lyle, cuando ofreció el típico haggis de las tierras altas y los ganadores no apreciaron la morcilla escocesa, casi todas las cenas han transcurrido en el límite de la mediocridad. Hasta que llegaron los toques más cosmopolitas. «Para mí la mejor fue la de Vijay Singh, que nos puso un montón de productos orientales, todos ellos exquisitos –recuerda el vasco–. Y claro, el asado argentino de Ángel Cabrera tampoco se quedó atrás». El de Fuenterrabía, con gran modestia, evitó mencionar sus dos ágapes, en los que la carne y la merluza deleitaron a los presentes. Como la fideuá de Sergio García, realizada con la ayuda del chef José Andrés, que también levantó grandes elogios. Para su cita de abril, Tiger no se ha devanado los sesos: su elección de sushi, chuleta, fajitas y quesadillas es como el menú de un bar de carretera.
Fuente de la noticia ABC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *