Susana Rodríguez, la triatleta paralímpica de la bata blanca

La historia de Susana Rodríguez (Pontevedra,1988) es igual a la de tantos otros y, al mismo tiempo, distinta. Por un lado ha visto cómo después de cuatro años preparándose a diario para los Juegos Paralímpicos de Tokio la crisis desatada por el coronavirus barría con montañas de trabajo acumulado. Por otro, el que hace de su caso algo especial, ese mismo seísmo en forma de cierre global ha hecho que su trabajo, médico interna en el Clínico de Santiago de Compostela, cobre una importancia colosal. Su rutina, hasta que todo esto se desató, consistía en madrugar para llegar a su puesto de trabajo temprano, salir a eso de las tres de la tarde e irse a casa a coger fuerzas antes de meterse su paliza diaria de tres horas a base de carrera a pie, bicicleta y natación, los tres pilares de su disciplina, el triatlón. Ahora se entrena en casa, y en lugar de desempeñarse en el área de medicina física y rehabilitación, la especialidad en la que rematará la residencia cuando este año termine, ayuda en el equipo de atención telefónica que atiende las consultas de los gallegos relacionadas con el Covid-19. Está contenta porque el COI ya ha hecho oficiales las fechas de los nuevos Juegos, del 23 de julio al 8 de agosto de 2021, pero enseguida amarga el discurso cuando vuelve al virus. «La cosa no pinta muy bien, no va a resolverse de una semana para otra y para poder competir fuera necesitamos que haya libre circulación entre países, cosa que a corto plazo es imposible. De todas formas a mí, no sé si por ver la situación desde cerca, el panorama deportivo se me ha hecho llevadero. Ahora entrenar es secundario, pero me sirve para desconectar e irme a la cama KO», cuenta al otro lado del teléfono. Rodríguez, disciplinada desde la cuna —se sacó la carrera de Medicina año a año mientras competía—, se adapta como puede a este nuevo capítulo que le ha tocado vivir. En casa —que ahora es la de sus padres, en Vigo, pues sus compañeras de piso trabajan en Neumología y Medicina Interna y debe tomar precauciones— tiene un remo que le ha prestado un gimnasio, una cinta para correr que le ha enviado el Comité Paralímpico y un rodillo para dar pedales, además de bandas elásticas para mantener la musculatura a tono. Tampoco puede acudir al hospital con el compañero que habitualmente la lleva en coche, pues ha contraído el virus. En su caso, con un cinco por ciento de visión un ojo y un siete en el otro por culpa del albinismo, debe extremar las precauciones, fundamentales como son para ella las manos en su día a día. «Sufrimiento en el salón»
Respecto a los entrenamientos, el confinamiento no está siendo una excusa para no machacarse. «Nunca me imaginé que iba a sufrir tanto en el salón de mi casa», dice, menos en broma que en serio. «El otro día estaba haciendo cinta en el salón y cuando acabo me dice mi madre, “madre mía, qué sacrificado es esto”, y yo le dije, “pero mamá, ¿te das cuenta ahora?”, y ella, “¡pero es que aquí, con el ruido, parece mucho más!”». En su mano está un hecho insólito: ser la primera deportista española en competir en dos disciplinas distintas en unos Juegos. Amarrada como tiene la plaza para el que será su segundo triatlón después de ser quinta en Río 2016 y ganar el Mundial y el Europeo en 2019, cuenta con la posibilidad de participar también en atletismo. Fue al Mundial de Dubai el año pasado y terminó cuarta en 1.500 metros, con lo que obtuvo una plaza para España que, a falta de lo que decidan los que mandan, ella quiere disfrutar. Será en 2021, cuando, con un poco de suerte, se pondrá la bata y no tendrá que hablar del coronavirus.
Fuente de la noticia ABC

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