Sor Inés, la religiosa española decapitada, misionera en un país olvidado

La revista «Forbes» elabora todos los años una lista con los lugares más felices del mundo. República Centroafricana siempre aparece en el último lugar. Desde hace muchos años se vive una guerra que enlaza con otra y con otra…. de modo que se ha convertido en un país demasiado incómodo como para hacerle caso. La muerte de la misionera burgalesa Inés Sancho solo conmociona en España porque allí es una más de la larga lista de víctimas. Pero quizá sirva para que, al menos aquí y aunque sea por un solo día, se mire de nuevo al corazón de África. «Discreta y menuda», como la describe a este diario el obispo de Bangassou, Juan José Aguirre, esta monja llevaba más de 23 años en la República Centroafricana. En la pequeña aldea de Nola, cerca de la ciudad de Berberati (suroeste del país, próxima la frontera con Camerún) lleva establecida más de 30 años una misión de las Hijas de Jesús de Massac. Inés, a sus 77 años, era de las pocas religiosas que quedaban. Impartía un taller de costura a un grupo de mujeres, muchachas vulnerables, madres solteras y víctimas de la guerra, para que se avadiesen.

Se negaba a abandonar

Pese a la insistencia de su hermana desde Toulusse para que regresara, la monja española se negaba a abandonar. «Le contestaba que no, que allí tenía una labor que hacer. Le tranquilizaba diciéndole que allí sus chicas le protegerían», cuenta el obispo Aguirre. Pero la madrugada del domingo, nadie puedo hacer nada por ella. Un grupo de criminales entró directamente a la habitación donde descansaba y la arrastraron al taller donde impartía las clases. «Nadie se enteró hasta el día siguiente, cuando las otras misioneras se encontraron el cadáver decapitado y con golpes», afirma el obispo. Pese a la conmoción en la comunidad, el prelado recuerda que «la Iglesia es la última que apaga la luz». Él, que lleva casi 40 años en este país, reconoce que «los últimos han sido una miseria». Dice que la llegada de la milicia Seleka, desde el norte, financiados por Arabia Saudí y otros países musulmanes, «nos han producido un auténtico calvario». Este obispo nacido en Córdoba desmiente que se trate de una guerra entre cristianos y musulmanes: «Claro que hay discusiones, pero esto es un conflicto de intereses económicos». Cuando la milicia Seleka llegó al poder «lo hicieron tan mal que generaron mucho resentimiento, sobre todo en los no musulmanes». Y así nació la milicia Antibalaka, «que luego se comportaron de manera criminal, incluso peor que ellos». El conflicto se ha internacionalizado: hay Cascos Azules de la ONU, Rusia tiene mecenas, China busca oro… «y ahora Arabia Saudí está mandando gente de Estado Islámico y tenemos el miedo en el cuerpo». Pese a ello y a los asesinatos de misioneros como Inés, Aguirre insiste: «Los trabajadores humanitarios van y vienen. Nosotros vivimos aquí y no abandonaremos a esta gente». «Si nos atacan a nosotros, imagínate lo que sufre la gente sencilla».

Fuente de la noticia La Razón

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