Sin mayorías para la estabilidad

Tras los debates televisivos, y en la recta final de la campaña, la ciudadanía indecisa comienza a posicionarse. Uno de los vencedores del debate, Iglesias, es el que más rendimiento ha obtenido, frenando el trasvase de votantes hacia el PSOE. Los electorados del PSOE y Podemos actúan como vasos comunicantes, prácticamente los votos que pierde uno, los gana el otro. Así ha venido funcionado en las últimas semanas, especialmente desde la convocatoria de elecciones generales, con un Iglesias ausente de la primera línea política que facilitó que más de un millón de votantes morados reforzaran al PSOE. Pero desde que regresó de su baja paternal ha ido recuperando parte de los votos que perdió y tras los debates televisivos ha reforzado y mejorado su imagen entre sus votantes, y en general, en toda la izquierda. Podemos asegurar que el principal rival de Sánchez es Iglesias, es el único que puede hacer bajar la expectativa electoral del PSOE y de hecho ya lo está haciendo.

Mientras que en el bloque del centro derecha, se constata una mejoría del gran ausente en los debates de las televisiones. Vox logra en estos días finales de campaña reforzarse ante el estancamiento de PP y Cs. Contrariamente, el segundo ganador en los debates a cuatro, Rivera, no rentabiliza para su partido su actuación ante las cámaras, mientras que Vox sigue haciendo mella entre el electorado del PP y Cs.

La fragmentación del voto del centro derecha hace que el precio a pagar por un escaño sea muy superior al precio que paga la izquierda. Prueba de ello es que la ventaja en votos del centro derecha con la izquierda es mayor que la que tiene en escaños.

Además de los ajustes y transferencias de votos en el seno de la izquierda y del centro derecha, no son de esperar cambios significativos entre ambos bloques con relación a los resultados de 2015 y 2016.

El parlamento seguirá sin mayorías absolutas, ni de las derechas ni de las izquierdas, mientras que los independentistas, observan desde las alturas y en vuelo circular, cómo España se debilita otros cuatro años más, y ya serían ocho, sin un gobierno firme. Solo un voto transversal, que supere la barrera ideológica de la derecha e izquierda, puede romper este equilibrio y decantar a un lado o a otro la mayoría, para que los independentistas no condicionen el gobierno de España.

Fuente de la noticia La Razón

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