Quim Gutiérrez: «La comedia ha cambiado para mal»

¿Qué ha sido de ese chico guay del instituto? ¿Dónde se ha metido la hermana pequeña (y pesada) de tu mejor amigo? Quim Gutiérrez y Natalia Tena protagonizan «Te quiero, imbécil», una comedia romántica que reflexiona sobre el amor en los tiempos de Tinder. «Un tío que mola a los quince años que se echa a dormir y se despierta de una siesta que se ha alargado. Con 35 lleva la raya del pelo en el mismo sitio, las mismas camisetas de grupos de música, solo que los nombres de los grupos de música se han deformado porque tiene una tripa que no sabe cómo le ha aparecido. Y en ese contexto, le deja la novia y pierde el trabajo», explica el protagonista. «Nos lleva por una ruta de mierda y del ridículo en lo que él cree que son los hábitos del éxito del siglo XXI». [Crítica de «Te quiero, imbécil»: Tócala otra vez, Quim] En medio de esa vorágine, se reencuentra con Raquel (Natalia Tena), la del 1º B. «Soy la hermana pequeña (y pesada) del que era su mejor amigo en el instituto. Creo que más conocerse, era cosa de ella, que estaba colada por él», explica entre risas. Hay química entre ellos (los personajes y los actores), la misma que se puede ver en dos buenos amigos que se conocen desde hace tiempo. No sabría decir cuál es la relación que se esconde tras las cámaras, pero lo cierto es que esta no era la primera vez que trabajaban juntos. «Hicimos el corto de Amenábar, ”Vale”, para Estrella Galicia hace casi cinco años», comenta Quim. P – ¿Qué han aprendido de esta película y sus amores que regresan? R – Q. G.: A veces, lo que resulta ser una situación dramática, como perder el curro y una novia de ocho años, puede terminar siendo un golpe de suerte. Hay que pasar un duelo, darse cuenta de lo que está ocurriendo, pero Marcos –su personaje en «Te quiero, imbécil»– es un tío con mucha suerte. Gracias a eso consigue un trabajo que le gusta mucho más y una chica que le hace infinitamente más feliz. Ojalá que cada vez que te dejan y pierdes el curro, te pase eso. P – ¿Han vivido una situación así? R – N. T.: Sí, claro. Somos humanos. R – Q. G.: Constantemente. Pero hay que ver cada pérdida como una oportunidad para reorientarse. P – ¿Cuál ha sido el mayor reto que os ha puesto la película? R – N. T.: Para mí fue algo físico. Rodamos en Pamplona justo antes de Navidad, y de noche. Hacía mucho frío. Los productores acababan de llegar y querían hablar conmigo. Para mí fue muy difícil encontrar ese matiz emotivo. P – ¿Y para usted, Quim? La comedia se antoja como su lugar seguro. R – Q. G.: Precisamente por haber reincidido tanto en comedia siempre me reto a contar una historia como mínimo un poco distinta. Me gustaba la de Marcos porque no es el perdedor encantador de comedia. Es un tío que en realidad mola, lo único es que está desactualizado. Lleva 20 años sin preguntarse qué le gusta o qué hacer en la vida, pasando de puntillas y sin querer cambiar. Pero tiene un sentido del humor cojonudo, tiene unos gustos musicales que molan y es un tío listo, lo que pasa es que tiene mucha, mucha pereza. P – Le vemos mucho… R – Q. G.: Mucho, mucho. Estoy pesado últimamente. P – … haciendo comedia, en la pequeña y en la gran pantalla. ¿Qué le responde a aquellos que aseguran que reincide en personajes del mismo perfil? R – Q. G.: Que tienen toda la razón (ríen todos los presentes en la sala). Personajes de 35 que no tienen características físicas muy distintas a las mías… pues es que es lógico. Pero por eso digo que dentro de hacer un personaje de 35 pues mi reto es siempre buscar nuevos matices. P – ¿Le falta quizá algún proyecto dramático para poder romper con ese estereotipo? R – Q. G.: Los hago también, pero se ven menos porque el drama se ve menos que la comedia, sobre todo en España. P – Lleva mucho haciendo comedia, ¿cómo ve la evolución de la comedia española? R – Q. G.: Ha cambiado, y ha cambiado para mal. El tipo de comedia que yo leo cada vez más en guiones, contrariamente a lo que se podría pensar, ahonda más en clichés. Utiliza cosas que ya hemos visto mil veces y que tienen que ver con repeticiones de clichés muy manidos. Creo que tiene que ver precisamente con que se han incorporado cosas de un tipo de humor que hemos visto mucho en televisión. A mí personalmente eso no me divierte, pero entiendo que funciona. R – Lo digo por el tipo de quebraderos de cabeza que teníamos hace casi diez años cuando rodábamos «Primos» o «Anacleto» para dar coherencia al guion, crear personajes con matices e ir un poco más allá en los gags. Eso yo no los encuentro ahora. Es desesperante. Pero también es una realidad que tiene que ver con el gusto personal de cada cual. A mí ese tipo de comedia no me interesa. Entonces me encuentro con muchos problemas de reescritura. P – ¿Cree que tiene algo que ver con el «boom» de las plataformas? R – Q. G.: Hay cosas fantásticas que se están haciendo en plataformas por el simple hecho de no tener que satisfacer a todo el mundo. Creo que el éxito de las plataformas tiene que ver con la necesidad de abaratar más el cine que hacemos para que más gente vaya a verlo. Hay ciertos fenómenos que, repito es opinión personal, un tipo de comedia que a mí no me hace ninguna gracia, que tienen más clichés con personajes mucho más tipo que han funcionado bien. Entonces me imagino, desde la perspectiva de un productor, que el pensamiento es: «¿Para qué currarnoslo más si haciendo los clichés de siempre seguimos haciendo mucho dinero?». Lo que pasa es que el cine, aunque sea entretenimiento puro y duro, hay un pequeño porcentaje de cultura, de vena artística, que debe seguir latiendo. Y creo que está un poco complicado.
Fuente de la noticia ABC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *