Pettersen obra el milagro y Europa recupera la Solheim Cup

«La Solheim Cup es el mejor torneo femenino del mundo», comentaba Marta Figueras-Dotti ante los gritos de los cien mil espectadores que se han dado cita esta semana en el campo escocés de Gleneagles. Y no le falta razón a la directora del Circuito Europeo de golf, ya que la pasión que se ha vivido estos días sólo es equiparable a la de su hermano mayor, la Ryder Cup. Al igual que en el torneo masculino, Europa siempre debe utilizar una marcha más para doblegar a los estadounidenses y hoy, en concreto, tuvo que recurrir a una actuación milagrosa para conseguirlo. La reglamentación del torneo indica que en caso de empate el trofeo quedará en poder el último ganador, por lo que a las locales solo les valía vencer en la última jornada. Se llegaba con empate a ocho en el marcador y tenían que conseguir seis puntos y medio de los doce que se ponían en juego en los indidivuales. Ya no había opción a los errores, puesto que cada pequeño detalle sería crucial para el desarrollo de la jornada y por eso la estrategia de las capitanas se tornó crucial: mientras que Julie Inkster optó por poner a sus mejores bazas al principio para lograr sumar cuanto antes para las la estadounidenses, Catriona Matthew repartió mejor a sus figuras para prever un final apretado. Como al final sucedió. Al igual que en un guión cinematográfico, lo mejor de la fiesta quedó reservado para el epílogo. Después de una jornada en la que se fueron alternando los colores del marcador (tan pronto favorecían a las locales como a las visitantes), en los momentos cruciales las ventajas se fueron decantando para las de las barras y estrellas. Las europeas no lograban despegar y los puntos se les escapaban de las manos. En ese momento fue clave la remontada de Carlota Ciganda, que con su triunfo ante Danielle Kang en el hoyo 18 (1 arriba) abrió una puerta para la esperanza. Sus compañeras empezaron a ver que era posible el milagro y no cejaron en el empeño, aunque las derrotas de Caroline Hewall (2 abajo) y Azahara Muñoz (2 y 1) fueron sendos jarros de agua fría. Afortunadamente, Georgia Hall y Celine Boutier (2 y 1 ambas) devolvieron la ilusión a las europeas de cara a los últimos partidos. No obstante, no estaba todo hecho, ni mucho menos; al contrario, los inesperados tropiezos finales de Charley Hull y Anne Van Dam dejaron el electrónico en (11,5-13,5) y obligaron a la gesta de tener que ganar los tres últimos puntos en juego. El primero cayó sin problema gracias a la consistencia de Anna Nordqvist (4 y 3), y el segundo por el coraje de la debutante Bronte Law (2 y 1), que logró tres de sus últimos cuatro agujeros ante Ally McDoland. Así pues, la decisión del torneo quedaba en manos de Suzann Pettersen, que debía superar a Marina Alex en un mano a mano infernal. Aunque la norteamericana dio la vuelta al choque en los hoyos de vuelta, la mayor experiencia de la noruega fue decisiva para embocar el que sería el putt más importante de su vida. En sus manos estaba la gloria de todo un continente y no falló en el intento: embocó por todo el centro y se desató la locura colectiva. Aparte de su propio éxito personal, lo fue también el de su capitana, que confió en ella y le dio una plaza por invitación a pesar de llevar dos años sin competir. Se había retirado para dar a luz a su primer hijo y volvió a competir en el momento más oportuno. En la celebración posterior, el pequeño asistía incrédulo a la fiesta en brazos de su madre. Seguro que cuando sea mayor, entenderá el significado de las lágrimas que derramaba la estrella más brillante de Oslo.
Fuente de la noticia ABC

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