Pequeños secretos de Granada: del castillo de Salobreña a la playa de Almuñécar

El peñasco donde se alza el castillo de Salobreña era antaño un islote en medio de una suave bahía que llegaba a lamer las faldas de la sierra. Pero el arrastre de sedimentos del río Guadalfeo terminó formando una gran marisma, y después un vergel de tierras fértiles que los árabes convirtieron en un inmenso cañaveral. Si algo ha caracterizado históricamente a la llamada Costa Tropical granadina ha sido, junto a la pesca, la producción de azúcar, cuya última fábrica cerró sus puertas en 1960. Pero entonces surgió el milagro y las cañas agostadas fueron prontamente sustituidas por frutas exóticas, como la chirimoya o el aguacate, que nunca antes habían crecido en nuestro país. Lo que antes era pesca y azúcar, es ahora turismo y frutos tropicales. Como reliquia, queda el excelente ron de Francisco Montero, que se sigue destilando en Motril, ahora con melaza importada de la India, en la única destilería de este licor que hay en toda Europa. El punto sobresaliente de Salobreña es el castillo, que todo lo domina y fue palacio de verano nazarí y fortaleza medieval. A su alrededor se arracimó un pueblo de casas blancas y calles estrechas, serpenteantes y empinadas, que cuesta un horror subir, aunque la belleza de sus rincones floridos mitigue algo la fatiga. Por el lado de mediodía, que se asoma al mar, el Peñasco termina abruptamente en lo que fue un acantilado y ahora llaman El Tajo. Las blancas fachadas asomadas al abismo recuerdan en gran medida a las casas colgadas de Cuenca. La vieja Sexitania Playa de AlmuñécarMuy próxima a Salobreña se encuentra Almuñécar, una de las ciudades más antiguas de España. En sus orígenes fenicios era conocida como Sexi y su comarca aún se llama Sexitania y está regada por los ríos Verde, Seco y Jate. Su castillo, que ha servido de atalaya y bastión a fenicios, cartagineses, romanos, árabes y cristianos, quizá no esté tan bien conservado como el de Salobreña, aunque tiene la notable ventaja de que puede subirse en coche hasta casi la misma entrada y ofrece unas vistas magníficas del término municipal con sus playas, calas, plantaciones y bahías. Este tramo occidental de la costa granadina es muy abrupto y está salpicado de morros, acantilados y guardadas ensenadas, como La Herradura, una de las más hermosas del Mediterráneo oriental, que recuerdan a la Costa Brava. Ahí se encuentran desde recónditas calas nudistas hasta cuidadas playas de ciudad. Todas ellas, eso sí, de arena gruesa, que muchos prefieren porque no la levanta el viento. En la hermosa playa de Almuñécar, ya junto al morro del castillo y la estatua de Abderramán I, que se sentía allí «tan extranjero como las palmeras», se hallan varadas una serie de barquitas de pesca que un día fueron el sustento de los pescadores, cuando salían todos a una y cercaban a las capturas en un círculo. Ahora viven en sus pequeñas casas, detrás de los hoteles y apartamentos que han crecido en primera línea, pero su barrio conserva el encanto de otros tiempos. Un rincón de casas blancas
La Herradura, también protegida por un castillo y separada de Almuñécar por la Punta de la Mona, es un abrigado pueblecito, «un rincón de casas blancas que suben desde la luz al mar al cobijo de la colina» como describe un poeta local. Allí vivió, en una espléndida casa, el gran maestro Andrés Segovia. El monte que enmarca la bahía por poniente se denomina Cerro Gordo. Al fondo, tierra adentro, en la curva de la herradura, se extiende un larga playa de quietas aguas, escoltada por una línea de casas, que trepan, colina arriba, por ambos cerros. Aunque desde Motril hasta La Herradura hay muchísimas construcciones, hoteles y apartamentos, se extiende también, tierra adentro, una inmensa vega verde donde crecen todo el año los espectaculares aguacates, chirimoyas, papayas, bananas, guayabas, maracuyás, nísperos y kumquats (una especie de naranjas de la china de pequeño tamaño que se comen con piel). Pistas Vista aérea de SalobreñaSi van en Semana Santa, no se pierdan en Salobreña su famosa Procesión Femenina (que no feminista), acompañando a La Soledad. Para alojarse, les sugiero el pequeño Hotel Miba, en las afueras, con unas vistas espectaculares del pueblo, el castillo y el mar. También les recomiendo encarecidamente comer en el restaurante Sunahra, único y hermoso edifico de una sola planta en la inmensa playa de Motril. Iván Mateo, el chef, sólo utiliza en su cocina productos del mar y de la tierra que le rodea. Es un lugar único, mágico, una visita imprescindible, que tendrá que reservar con antelación.
Fuente de la noticia ABC

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