Paco Jémez: Vallecas vuelve a vivir al límite… para salvarse

Los equipos vuelven a lo conocido, a lo que mejor recuerdo les ha dejado. Lo hacen en tiempos de incertidumbre, cuando necesitan encontrar un guía, alguien en quien creer. Míchel era uno de los hombres más respetados en Vallecas, pero la dirección del club decidió que la única esperanza de salvarse pasaba por prescindir de él. «Evidentemente, si ves que al final el mensaje no sale todo lo bien que tú quieres es posible que el equipo necesitase una respuesta. Me veía con fuerzas y preparado, pero entiendo la postura que se ha tomado. Son siete derrotas seguidas y necesitamos un revulsivo, o una idea nueva, no sé. Yo estoy orgulloso del trabajo que han hecho los jugadores conmigo, sé que puedo contar con ellos en otro momento», decía ayer en su despedida. «Me veía preparado, pero el fútbol son números y no sentimientos», continuaba.

El ya ex entrenador avalaba la llegada de Jémez. «Aprendí mucho de él y me parecería bien que viniera. Tendría una plantilla preparada y sea la persona que sea va a tener un vestuario con la capacidad de sacar esto. La ilusión de los rayistas es esa y el barrio tiene que empujar y conseguir esa victoria que dé alas», aseguró. Jémez representa lo viejo conocido, un entrenador con el que el Rayo se salvó cuando llegó, sobrevivió en Primera dos temporadas después y en la tercera no pudo evitar la caída a segunda. Se despidió de Vallecas sobre el césped, con lágrimas en los ojos. Era una relación que había llegado a su fin.
Porque con Paco Jémez se sabe que se va a vivir al límite y que no van a pasar muchas horas sin que haya ruido, alguna frase que rompa la monotonía. Es un coleccionista de sentencias llamativas. «Sólo nos ha quedado quedarnos embarazados», dijo después de un encuentro de su equipo en el que le pasó de todo.
Es un alborotador lejos del terreno de juego, pero también sobre el campo. Pocos entrenadores crean tanto debate por la radicalidad de su estilo. Paco, que fue un defensa con carácter y no especialmente técnico, quiere toque, atrevimiento, que se pueda fracasar, pero que nunca se deje de intentar.

Los que le admiran le consideran un valiente, un entrenador que muere con sus ideas y que defiende la estética del fútbol hasta en las peores circunstancias.

Los que le critican ven en él un temerario, un técnico que no sabe valorar su plantilla y que no sabe medir lo que propone en comparación con los futbolistas que tiene. Es decir, que jugar de una determinada manera contra determinados equipos no es valentía, sino no saber de fútbol y lanzarse al suicidio.

Pero ese es Paco Jémez y no engaña a nadie. Lo cierto es que lejos de Vallecas no le ha ido como esperaba. Nunca contó como candidato para la Selección pese a que él siempre que ha podido ha dejado claro que le apetece mucho. Se fue del Rayo para fichar por el Granada. No pasó del mes de septiembre. Se marchó al Cruz Azul en noviembre de ese año, pero en noviembre del siguiente ya estaba en la calle. Antes de acabar el curso estaba en Las Palmas, equipo al que debía salvar. Ya había estado años antes. Dejó mucha polémica, mucho ruido, pero al final de temporada, no evitó que el equipo descendiera.

Ahora, vuelve al Rayo, al lugar donde probablemente más feliz fue y donde se identificó con la grada y con el barrio. Su objetivo es salvar al Rayo en diez partidos, un milagro.

Fuente de la noticia La Razón

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