Nueva Zelanda acuerda limitar el uso de armas

El doble atentado contra dos mezquitas en Christchurch (Nueva Zelanda) ha tambaleado los principios de la nación y los de sus políticos. Las cosas se ven de otra manera y los discursos han cambiado; también las preocupaciones. A la cabeza de esta transformación se encuentra la primera ministra, Jacinda Ardern, que no ha perdido ni un solo segundo en poner sobre la mesa una propuesta que pretende modificar la legislación nacional sobre la adquisición de armas, una de las más permisivas del mundo. La máxima mandataria se reunió ayer con su Consejo de Ministros y hubo quórum al respecto, al menos a la hora de reconocer que hace falta endurecer la norma. Habrá que esperar diez días para que se conozcan los detalles concretos sobre cuáles serán las variaciones de la legislación vigente.

Uno de los objetivos de Ardern es prohibir el acceso a las armas semiautomáticas como la que utilizó Brenton Tarrant, y voces que no hace mucho estaban en contra de cambiar las leyes han modificado su proclama. Antes del atentado, el primer viceministro, Winston Peters, se mostraba reticente a romper el «statu quo». En la actualidad, su visión es diametralmente opuesta y apoyó sin tapujos la iniciativa de la primera ministra. «La realidad es que después de las 13 horas del viernes, nuestro mundo cambió para siempre y las leyes también», esgrimió en compañía de Ardern en la conferencia de prensa ofrecida ayer. En ella se evidenció la unidad de un Ejecutivo que se niega a vivir otro fracaso en el cambio de la ley como los que se encadenaron en 2005, 2012 y 2017. Hasta el momento, no se lleva un registro de las armas que acumula la población, aunque se estima que existen alrededor de un millón y medio. De esas, cinco pertenecían a Tarrant y al menos dos fueron modificadas por él mismo para descargar una mayor cantidad de balas. El establecimiento de venta de armamento, Gun City, confirmó que vendió cuatro armas al acusado, aunque insiste en que ninguna de ellas fue usada durante el ataque. Otra tienda, Trade Me, ha confirmado que ya ha dejado de vender semiautomáticas como las que usó Tarrant.

El ciudadano australiano permanece en prisión provisional hasta que el 5 de abril comparezca ante el Juzgado Superior de Christchurch. Es el único imputado por el atentado y, en caso de ser declarado culpable, se enfrentaría a una condena sin precedentes en comparación con otros casos de asesinatos múltiples en Nueva Zelanda. El reo que cumple la pena más larga se llama William Bell, asesinó a tres personas en 2001 y pasará un total de 30 años entre rejas sin libertad condicional. A Tarrant le espera una condena extraordinaria, ya que su caso carece de precedentes. La investigación del caso también va a ser la más extensa a la que se han enfrentado las autoridades, que no lograron frustrar la tragedia.

Se representará a sí mismo

Una de las incógnitas es bajo qué preceptos se juzgará su proceso. Según el profesor de la Universidad de Auckland, Bill Hodge, sería arriesgado tratarlo como un asunto de terrorismo, ya que el Acto de Represión Terrorista de 2002 apenas ha sido usado en el país. Según el docente, sería mejor juzgarle bajo el Acto de Crímenes. «Existen herramientas de sobra en este acto, mientras que el de terrorismo es relativamente nuevo», afirmó el profesor de Derecho. «Los abogados apenas han tratado con el Acto de Represión Terrorista, mientras que un estudiante sabría decir el de crímenes de memoria. Creo que para este caso no es conveniente probar una ley que no ha sido usada», apostilló. Otra de las cuestiones que están en el aire es qué tipo de sentencia recibiría Tarrant si es declarado culpable. En Nueva Zelanda, los casos en los que una persona ha cometido el mismo crimen en múltiples ocasiones suelen conllevar sentencias simultáneas, es decir, que se cumplen todas a la vez. La diferencia es abismal con respecto a las consecutivas, en las que al finalizar cada condena comenzaría la siguiente.

Todas las miradas estarán puestas en el juicio que determine el futuro de Tarrant, quien se representará a sí mismo después de que el sábado despidiera a su abogado. Las autoridades temen que utilice su defensa para proclamar sus convicciones supremacistas. Según el letrado que le acompañó en la comparecencia ante el juez del sábado, cuando habló con él Tarrant «estaba lúcido y no mostró ningún signo de arrepentimiento». El ex abogado también alerta de las intenciones del terrorista de las mezquitas de utilizar el juicio como un escaparate para su ideología del odio. En su primera comparecencia aprovechó las cámaras para realizar un gesto ensalzando el «poder blanco». Tarrant mostró signos de radicalización tras un viaje por Europa en el que había visitado Francia y España, entre otros países. Nueva Zelanda ha pedido colaboración a la UE.

Fuente de la noticia La Razón

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