Messi gana su sexto Balón de Oro

En un inteno baldío por darle emoción a la gala, «France Football», publicación encargada de conceder el Balón de Oro con el voto de 182 corresponsales, volvió a recurrir a una especie de cuenta atrás enumerando a lo largo del día los nombres de los 30 finalistas en función del puesto que ocupaban. Iban cayendo los Van de Beek, Marquinhos, Joao Félix, Benzema, Wijnaldum, Lloris, Ter Stegen, Griezmann, Agüero, De Ligt, De Jong, Hazard y compañía hasta que se llegó al top 10, territorio para los privilegiados. Simplemente faltaba ordenarlos e ir tachando candidatos para ver quiénes acompañaban a Lionel Messi en el podio, vaticinado su triunfo desde hacía semanas sin que se le pueda poner objeción alguna. Principalmente porque sigue marcando la diferencia y porque se ha quedado solo en esa mesa, más ahora que Cristiano Ronaldo no pelea como antes y que los sucesores se han quedado, de momento, a medio camino. Messi, que precisamente desempata con el portugués y ya está solo en la cima con seis galardones, manda en el planeta fútbol a sus 32 años, reinventado para la causa con un estilo en donde prima más la inteligencia que la explosividad de cuando era algo más joven. Esa es, por encima de todas, la mayor de sus virtudes, pues Messi ha ido adaptándose a las necesidades del guión, a menudo intrascendente hasta que él solito resuelve un duelo. Pasó el domingo, sin ir más lejos, en el Wanda Metropolitano, encendido el argentino con un fogonazo en el minuto 86 que amargó al Atlético de Madrid y a su gente. Fue una carrera estupenda, una pared con Luis Suárez y el gol de siempre, el de cada tarde, incomprensible a veces que las defensas no encuentren el método o el remedio para evitar lo que viene después, que es la celebración del «10» tras ese remate con rosca tan sutil y mortal. Messi lo repetirá hasta que se jubile, es más rápido que nadie. El caso es que Messi recibió de manos de Luka Modric (el croata no estaba entre los finalistas) el galardón que reconoce su 2019, un buen curso sin que se pueda considerar el mejor. Antes ya había ganado en 2009, 2010, 2011, 2012 y 2015 y desde 2007 siempre estuvo en el podio salvo la excepción del año pasado, en donde terminó quinto. Messi no partía como favorito hace unos meses después del chasco del Barcelona en la Copa de Europa, siendo presumiblemente la Champions una competición muy a tener en cuenta a la hora de conceder premios individuales, pero sus últimas actuaciones le han colocado por delante de Van Dijk, Mané o Salah, estrellas de ese Liverpool campeón. Números inigualables
Los números de Messi en 2019 son inimitables, y eso que no son los mejores de su carrera. Con el gol que marcó el domingo al Atlético, van ya 45 en 53 partidos, en los que también ha dado 17 asistencias. Hay quien considera, hay opiniones para todo, que su temporada no merece la distinción porque únicamente logró la Liga con el Barcelona, ya mencionada la sonora bofetada europea (perdió en semifinales contra el Liverpool después de vencer 3-0 en la ida) e igualmente dolorosa la derrota en la final de la Copa del Rey ante el Valencia. Además, en la Copa América no rompió el gafe con Argentina (hizo solo un tanto) y la albiceleste únicamente pudo terminar tercera, otro triste epílogo defendiendo a su país. Eso sí, en la Liga fue el máximo realizador con 36 dianas en 34 tardes y en la Champions acumuló 12 goles. No hay en estos momentos un opositor que le cuestione a Messi su superioridad. Cristiano Ronaldo se fue a Italia para estirar su leyenda y las cosas en la Juventus le han ido a medias. En los primeros meses se sintió feliz porque, decía, jugaba en familia con sus nuevos compañeros, pero su trascendencia ha ido a la baja. Jamás se le podrá negar su espíritu competitivo, un depredador único, pero los 21 goles en la Serie A (en 31 jornadas disputadas) están lejos de sus guarismos de cuando jugaba en el Real Madrid. Eso sí, alzó el Scudetto y además llevó a Portugal a lo más alto en la Liga de las Naciones. Messi y Ronaldo se han repartido once de los doce últimos Balones de Oro, siendo Modric el único que ha osado alterar el sistema establecido. Ha habido proclamas como las de Griezmann, quien se calentó y dijo que ya comía en la misma mesa que la de las dos bestias, pero lo cierto es que no hay un relevo estable más allá de apariciones esporádicas. Vale el ejemplo de Modric, impulsado por el papel de Croacia en el último Mundial e invisible en la lista que se publicó ayer, o el propio caso de Griezmann, que en 2018 fue tercero y desciende hasta una irrelevante decimoctava posición. De los jóvenes, el más prometedor es, por descontado, Kylian Mbappé, otra vez en la zona noble (cuarto el pasado ejercicio, sexto en el presente). Visto lo visto, si alguien puede discutir a Messi es la estrella del París Saint-Germain, que incluso ha eclipsado a Neymar. En el precioso teatro de Châtelet, corazón de París, Messi recibió el premio bajo la mirada de su mujer, Antonella Roccuzzo, y dos de sus hijos, Thiago y Mateo. Vistió un traje relativamente discreto si se compara con los uniformes del pasado y su discurso fue el de siempre, ese no es su fuerte. De la gala, convertida en un espectáculo y en la que también se premiaron a la mejor jugadora, al mejor joven de menos de 21 años y al mejor portero, destacó la ausencia de Cristiano Ronaldo, que ya se sabe que no va allá donde no le reconocen. La de este lunes, por sexta vez, era la noche de Messi, solo en el pedestal.
Fuente de la noticia ABC

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