Margaret Atwood: Esperemos que el mundo de Gilead sea solo una distopía»

Con su característica sonrisa y su contagioso sentido del humor, la novelista canadiense habló por primera vez ante la Prensa sobre la esperada continuación del fenómeno literario –y televisivo– que llegó ayer a las librerías de todo el mundo. Los lectores hispanohablantes podrán disfrutar de «Los testamentos» el 12 de septiembre. Atwood, que este año cumplirá 80 años, rescata para esta secuela el régimen teocrático establecido en lo que sería Estados Unidos, pero en esta ocasión la narradora no será Offred, sino que serán tres las mujeres que guíen al lector a través de la trama desarrollada 15 años después de la primera parte. Sabemos que dos de las narradoras son jóvenes y forman parte de la primera generación que ha crecido ya en el «nuevo orden» impuesto en Gilead. Una de ellas, al parecer, nació en la frontera entre este país ficticio y otro, que en propias palabras de su autora, sería Canadá.

Los testimonios de estas dos mujeres se entrelazan con una tercera narradora, una «vieja conocida» para los fans. No es otra sino la Tía Lydia, aquella mujer malvada y cruel que atemorizaba a Offred en «El cuento de la criada» y que colaboraba con el sistema político reinante. En esta ocasión, podremos conocer, tal y cómo anticipó Atwood, el porqué de su comportamiento y su camino hacia el rol maquiavélico que desempeña. «Quería mostrar cómo gente como la Tía Lydia llega a su posición de poder y qué justificación tienen hacia sí mismos para hacer esas cosas». «Al haber nacido en 1939, siempre he estado muy interesada en estas preguntas», señaló la novelista canadiense en clara referencia a los regímenes autoritarios desarrollados en aquel momento en medio mundo.

Del rojo al verde

Otra de las novedades de la secuela podría ser el color. Más en concreto, el de la vestimenta de las criadas, que podría pasar del rojo al verde, o al menos es lo que podría adivinarse al ver la portada de «Los testamentos». Algo que no quiso revelar Atwood, pero tampoco lo ha negado. «Hay nuevas elecciones de traje», admitió la novelista. El mundo de ficción imaginado por Atwood en «El cuento de la criada» fue reflejado por Bruce Miller en la exitosa serie que lleva el mismo nombre, pero el productor estadounidense decidió continuar con la trama una vez el libro ya había acabado. Aunque siempre bajo la supervisión de Atwood, que aunque asegura que no tuvo «poder» sobre la serie, sí «influencia» en la trama, evitando que acabaran con algún personaje que fuera a ser incluido en su secuela. El fenómeno mundial que surgió a partir de «El cuento de la criada» –8 millones de copias vendidas– se vio confirmado posteriormente con la serie protagonizada por Elisabeth Moss, y ahora podría vivir un nuevo «boom» con «Los testamentos». Era tal la espera de esta secuela que, para el diario británico «The Guardian», la presentación de ayer era sin duda «el evento literario más importante del año».

La República de Gilead, el mundo ficticio en el que se ambientan las dos novelas, está basado en unos Estados Unidos dictatoriales, que para Atwood, podría no estar tan alejado de la realidad en algunos asuntos: «Con los movimientos legislativos de muchos estados dentro de Estados Unidos, puedes ver que algunos están casi ahí, creando restricciones en los cuerpos de las mujeres». «Estados Unidos siempre ha sido el país de la libertad, la democracia, la igualdad, las oportunidades para todos», pero para la canadiense, si esto se pierde, «todo puede pasar».

Más accesibilidad

A pesar del éxito rotundo de «El cuento de la criada», para algunos la novela no es accesible para todos los públicos, algo que sí habría conseguido Atwood en «Los testamentos». La autora aseguró que la razón puede deberse a que en la primera parte solo existe «una narradora, que no sabe mucho sobre qué ocurre realmente en aquella sociedad porque está muy restringida. No le permiten hacer mucho, es en parte un monólogo reflexivo». Por contra, esta nueva obra puede ser más accesible porque hay tres narradoras y «una de ellas sabe mucho» sobre lo que ocurre en esa sociedad. La fama de Atwood durante los últimos años, en parte gracias al lanzamiento de la serie de televisión, ha llegado a tal punto de que algunos la consideren una especie de estrella del rock. Aunque «alagada y agradecida», la novelista se siente muy alejada de esa descripción y lo niega con su característico humor: «Aún no he muerto de una sobredosis de opio».

Fuente de la noticia La Razón

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