Macron corta las alas a los «chalecos»

Emmanuel Macron y su Gobierno quedaron noqueados el sábado tras la nueva demostración de violencia que asoló los Campos Elíseos, que superó con creces lo hasta ahora visto, y que se llevó como un golpe de viento los dos meses de reconstrucción del discurso político puesto en marcha por el presidente de la República a través del «gran debate nacional». El Ejecutivo necesitaba dar una respuesta contundente a las imágenes de desorden y desolación que ofrecieron los «chalecos amarillos», que parecían los dueños de la calle. El margen de maniobra no es muy amplio tras cuatro meses de anuncios sin resultados claros.

El primer ministro, Édouard Philippe, apareció ayer tarde ante las cámaras, flanqueado por sus ministros de Justicia, Nicole Belloubet, y del Interior, Christophe Castaner, y anunció el cese fulminante del prefecto de Policía de París, Michel Delpuech. Según el Philippe, Delpuech es el responsable de las «disfunciones» detectadas al no haber ejecutado «correctamente» las medidas de seguridad que el Gobierno esperaba. El prefecto sabía que una espada de Damocles pendía sobre su cabeza. No es la primera vez que recibe críticas sobre la gestión de la seguridad. Él ha preferido siempre que sus hombres contengan a los elementos violentos en lugar de afrontarlos para evitar que haya heridos. Una gestión que ha dejado espacio al caos, sobre todo sabiendo que los servicios de información habían detectado una fuerte movilización de «1.500 camorristas profesionales», según afirmó el propio ministro del Interior antes de que se desencadenaran los saqueos e incendios.

El relevo tendrá el lugar mañana y no será el único. En el Consejo de Ministros será nombrado su sucesor, Didier Lallement, prefecto de Nouvelle-Aquitaine. « El ministro del Interior le entregará una carta de misión clara, y deberá proponer rápidamente los cambios necesarios en su equipo», añadió el jefe del Ejecutivo.

Philippe intervino con el rostro grave mientras fue desgranando la respuesta que el presidente le había exigido por la mañana, «a la altura de lo que está en juego». Todo con la esperanza de que no vuelvan a repetirse las escenas de violencia en las calles de París y otras ciudades francesas. A este respecto, anunció que, a partir del sábado «cada vez que haga falta, prohibiremos las manifestaciones de los ‘chalecos amarillos’ en los barrios más afectados». Nombró los Campos Elíseos en París, pero también la plaza Pey-Berland en Burdeos y la Capitole en Toulouse.

También lamentó que la polémica surgida por el uso de pelotas de goma por parte de la Policía «haya llevado a que se den consignas inapropiadas para reducir su uso». La ONU ha pedido a Francia que investigue el «uso excesivo de la fuerza» por las fuerzas del orden, que han herido a una veintena de «chalecos amarillos», y el Consejo de Europa ha pedido que suspenda el uso de tiros con pelotas de goma «para respetar mejor los derechos del hombre». Estas críticas se unen a la falta de «movilidad y reactividad» de la Policía, según Philippe, para quien la respuesta del Gobierno frente a los «black blocs» debe ser «fuerte».

El primer ministro también habló de poner a disposición de los policías «nuevos medios», como drones o sprays para marcar a los autores de vandalismos. También pidió a la ministra de Justicia que aumente claramente las multas por participar en manifestaciones prohibidas.

La proeza del Ejecutivo de instalar un gran debate nacional con más de 10.300 reuniones y medio millón de ciudadanos que han aportado sus propias contribuciones al debate a través de la página web creada para la ocasión se esfumaba en unos momentos el sábado, igual que los toldos del emblemático restaurante Fouquet’s.

Fuente de la noticia La Razón

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