Lucas Vázquez, de héroe en Milán a blanco fácil

Antes de que una nueva Navidad entre en nuestras casas, Lucas Vázquez habrá sumado 200 partidos como jugador del primer equipo del Real Madrid. Más de 400 si le añadimos todos los encuentros en las distintas categorías inferiores por las que pasó desde su ingreso en La Fábrica en el verano de 2007, con solo 15 años. Hoy, con 28 y un palmarés para sacar pecho y colgar las botas, si así le apeteciera, agacha las orejas y trabaja más que nunca para cambiar la opinión de un sector del Bernabéu, enojada con él. También vía redes sociales, donde ha sido carne de memes, en algunos casos crueles y fuera de lugar, juicios que no alteran al de Curtis, siempre sonriente y orgulloso de ese talante conciliador tan habitual de la gente gallega. «Todo eso no me hace daño, sino más fuerte. Hay que vivirlo con naturalidad. Yo llevo muy bien las críticas. Sabemos que jugamos en el Madrid y estamos expuestos a las opiniones de la gente. Después de los partidos suelo desconectar. Lo que sí me gusta luego en analizar los partidos que jugamos, ver en qué puedo mejorar, incidir un poco más, pero siempre he notado el cariño del Santiago Bernabéu», reflexiona Lucas. En el Real Madrid, también se mira de soslayo esta situación de su futbolista, sabedores de la exigencia de un público siempre ambicioso: «Como decía Santiago Bernabéu, aquí los mejores son los que ya no están o los que están por venir… No pensamos que haya nada especial contra Lucas. Fue algo puntual y otro día le tocará a otro», esgrimen. La confianza también es absoluta en su entrenador: «A Lucas le veo de puta madre», dijo Zidane en una de sus últimas comparecencias El francés, como el resto de entrenadores con los que ha compartido vestuario el gallego, habla maravillas de Lucas y así lo ejemplifica a la hora de tomar decisiones. Por delante de Vinicius en el orden de preferencias, y titular en cuatro de los diez partidos oficiales jugados hasta la fecha. Nada nuevo en un guión que ya puso en marcha Zidane en su primera etapa en el banquillo blanco, con su destacado rol en aquella famosa unidad B que fue clave el curso del doblete (2016-207) y con el penalti de Milá
n como apogeo de su carrera. En San Siro, en toda una final de Champions, tomó el balón, jugueteó con él cual estrella de la NBA dándole vueltas con el dedo de su mano derecha, mientras se dirigía al punto de los once metros para anotar la primera pena máxima de una tanda que le daría la Undécima a los blancos. «Valiente y solidario»
Aquello hizo de Lucas un héroe. Su atrevimiento en un momento tan delicado demostró su personalidad y madridismo, que nadie pone en duda. Ni siquiera los que consideran que no tiene nivel para jugar en el Madrid, aunque sus números y sus hechos no digan eso: «Lucas tiene algunas de las virtudes que más me gustan de los españoles. Es valiente y solidario», dijo en febrero Solari, entonces técnico blanco. «Cuando el fútbol no ocupa mi vida me centro en mi familia», explica Lucas, padre de un hijo de año y medio, y casado con Macarena, una joven melillense muy recelosa a nivel público, como el propio futbolista. Durante su etapa como canterano, ambos solían salir de comprar los domingos a la tienda de la firma comercial Mango de la madrileña calle Velázquez (hoy cerrada ya), hasta que su salto al primer equipo y la fama les hizo tener otras rutinas más alejadas de la exposición pública. Discreción y prudencia en su día a día, como en las obligaciones laborales de Lucas, un obrero del fútbol al que nadie le ha regalado nada y que hoy aúna piropos a nivel profesional a la vez que divide a su propia afición. De héroe en Milán a blanco fácil.
Fuente de la noticia ABC

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