«L’Osservatore Romano»: el mundo visto desde el Vaticano

Para entrar a uno de los periódicos que más se ocupan de información internacional, es necesario ingresar en el Estado más pequeño del mundo. Entrando por la Puerta de Santa Ana, se enfila la primera calle a la derecha, dejando a un lado el Palacio Apostólico y el IOR, el llamado banco vaticano. Las oficinas del «L’Osservatore Romano» no son tan suntuosas como uno podría imaginar, pensando en las antiguas dependencias de la Santa Sede. Tan sólo un par de modestos pisos componen su redacción, en la que un equipo de secretarios de acento tan marcadamente romano como se podría escuchar fuera de estos muros recibe al visitante.

Las salas recuerdan más bien a las de una residencia eclesiástica en la que se hospedan obispos y cardenales de visita al Vaticano. Aunque desde hace algo más de dos meses cuentan con un chico nuevo en la oficina. Aún con los agobios de quien lleva poco tiempo en el cargo, Andrea Monda (Roma, 1966), el nuevo director del periódico del Vaticano, abre la puerta de su despacho. Se trata de una sala austera, al final de un pasillo, en un lugar distinto al que ocupaba su antecesor, Giovanni Maria Vian. El historiador y ahora director emérito estaba instalado en un espacio más luminoso, decorado con tebeos de Tintín, su verdadero mito periodístico. Él fue quien se encargó de darle color a «L’Osservatore Romano», en sentido literal y metafórico, con más fotos y un aire renovado. El día de su despedida hubo un especial sobre Tintín.

También Vian puso en marcha el suplemento «Donna, Chiesa, Mondo» (Mujer, Iglesia, Mundo) en la que una laica, Lucetta Scaraffia, ha puesto el dedo en la llaga sobre los problemas de la mujer en la Iglesia. La última vez que lo hizo, con un artículo en el que denunciaba los abusos sexuales a monjas, el Papa tuvo que intervenir reconociendo que es un problema existente.

«L’ Osservatore», un periódico habitualmente reservado para los hombres de la Iglesia, marcó la agenda con un asunto que fue replicado por los medios de todo el mundo. Scaraffia no esconde su temor de que con los últimos cambios, el suplemento desaparezca. «Las cosas buenas hay que conservarlas y ampliarlas. La presencia de más mujeres y las temáticas sobre mujeres continuarán», asegura el nuevo director. Monda ha tenido poco tiempo para imprimir un sello propio, pero su primera aportación ha sido que todo tema importante esté acompañado por un artículo en profundidad. «Es cierto que tenemos un sostén, que es la Iglesia católica, pero nuestro aire debe ser siempre internacional. Damos noticias que otros ignoran y nuestra intención es tratarlas en profundidad», afirma a LA RAZÓN. En el número de hoy, «L’Osservatore» lleva a su portada un análisis sobre Argelia, recoge las protestas en Albania o Serbia, incluye una noticia sobre las migraciones motivadas por el cambio climático y una gigantesca página sobre el vigésimo aniversario de la muerte de Stanley Kubrick. Prima la continuidad con el trabajo de Vian. Aunque a Monda lo que más le impresionó al llegar a estas salas es precisamente la historia secular del diario. «Estamos hablando del periódico más famoso del mundo, existe desde 1861 y es una marca que no tiene comparación en la prensa internacional», reconoce. A mediados del siglo XIX, los abogados Nicola Zanchini y Giuseppe Bastia quisieron crear un periódico bajo protección del Estado Pontificio. Eran tiempos de fuerte agitación política, en pleno proceso para la unificación de Italia. Obtuvieron el plácet y pocos meses después del nacimiento del Estado italiano se imprimió por primera vez «L’Osservatore Romano», bajo el lema de «diario político-moral», que después fue sustituido por el de «diario político religioso».

Actualmente se publica diariamente en italiano y de modo mensual en siete lenguas distintas. A lo largo de su historia, llegó a vender hasta 100.000 copias, cuando la gente seguía en sus páginas el devenir de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, sin embargo, maneja cifras mucho más modestas. Para su director, que antes de ocupar el cargo daba clases de Religión en un instituto romano, el próximo reto es involucrar a los jóvenes, aunque se trate de una tarea difícil. Afirma que «el problema es general, para pensar que los jóvenes lean periódicos ya hay que ponerle una gran imaginación». «Hoy tienen tantos estímulos y los periódicos parecen tan preocupados en sus asuntos… Tenemos que recuperar las grandes pasiones, como la preocupación política o la historia y sólo así leerán los diarios», añade.

Por un momento se despoja del traje de director y se pone el de maestro. Recalca que el problema es educativo, aunque la tarea como medio católico debería ser «involucrar al pueblo de Dios». El método lo tiene cerca. Lo marca el Papa. Y al preguntarle si la publicación debería ser más «pop», responde que «si pop quiere decir popular, sí». «Estamos en un momento histórico en el que triunfa el populismo y el único antídoto es el popularismo. Es decir, no podemos ser elitistas. Hay que hacer como el Papa. Él logra interceptar las preguntas, porque escucha las demandas del pueblo y habla su lenguaje. Creo que hay que seguir su ejemplo con una comunicación menos formal o burocrática y más cercana, directa, sincera y auténtica, como este Papa».

No sólo Monda ha sido nombrado recientemente, sino que el Dicasterio de la Comunicación ha sufrido recientemente una segunda fase de cambios, con la inclusión de expertos muy cercanos a Bergoglio. También la Oficina de Prensa de la Santa Sede se encuentra en plena transformación, con Alessandro Gisotti como director interino. Monda cree que «las reformas son lentas», pero aprecia una «mayor coordinación entre los medios vaticanos: la web, el periódico, la radio y las redes. Cada uno habla su lengua, pero de forma integrada». Aunque se trate de una institución con siglo y medio de historia, sujeta a los dilatados tiempos vaticanos, aquí también ha llegado el tiempo de la inmediatez y de las redes sociales, que el nuevo director se propone impulsar. Según él, los grandes temas del pontificado de los que se tendrá que ocupar de aquí en adelante son: el reto del diálogo interreligioso, los abusos sexuales y la búsqueda del multilateralismo que propone el Papa. ¿Un momento decisivo para Francisco? «Todo momento es decisivo y no creo que éste lo sea más que otros. Para los cristianos la vida es una tribulación desde hace 20 siglos, por lo que no nos debería provocar miedo», responde el director de un periódico que ve los problemas a largo plazo.

Fuente de la noticia La Razón

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