Los testigos de las cenizas de Notre Dame

María es una turista española que había llegado con su hija adolescente a París el pasado viernes para pasar una semana en su propio coche desde España. Cosas del destino, aparcó el vehículo justo en el aparcamiento de Notre Dame el lunes a mediodía. Después llegó la catástrofe. Les pilló fuera de la catedral pero ya no pudieron recoger el vehículo y asistieron desde uno de los puentes del Sena al terrible espectáculo de llamas y cenizas que arrasó la cubierta de la catedral. “Nos evacuaron del perímetro y no nos han dicho nada aún, no sabemos cuándo podremos recoger el coche” decía para LA RAZON este martes por la mañana tras confesarnos que apenas han pegado ojo. “Son de esas imágenes que no se te olvidan en la vida”. María y su hija observaron todo lo sucedido desde uno de los puentes del Sena que comunica la Isla de la Cité, donde se encuentra la catedral, con la orilla derecha del Sena. Allí se agolpaban miles de turistas y locales inmortalizando el momento en una curiosa mezcla de sorpresa, lágrimas y morbo.

La sensación que recorre hoy las calles de París es bien distinta. En la plaza de Saint Michel, a escasos 100 metros de la catedral, un grupo numeroso rezaba. Pocos pasos más adelante, junto al cordón que delimita el perímetro que establecieron los bomberos, varios ciudadanos aplaudían cada vez que pasaba uno de ellos. “Siento una tristeza enorme. Mi primera reacción esta mañana ha sido volver aquí. Y sí, voy a participar en la gran colecta que han abierto” nos dice Sylvie, parisina de 51 años y vecina del corazón de París desde su adolescencia. No duda en que hará todo lo posible en su aportación para la reconstrucción del edificio. Una gran colecta abierta ya y por la que numerosos ciudadanos se han interesado. Promete ser histórica. Las familias Arnault, propietaria del grupo de lujo LVMH, y Pinault, dueño del conglomerado Kering, dos de las mayores fortunas de Francia, anunciaron una donación de 200 y 100 millones respectivamente. “50 euros, quizás 100… daré todo lo que pueda….Para mi Notre Dame es el símbolo no sólo de Francia y de Europa, sino de mi vida entera” afirma Sylvie mientras nos señala con el dedo índice el edificio en el que vive apenas a una manzana.

Jordi, periodista español que trabaja en la radio pública francesa, se encontraba con su mujer en un restaurante cuyas vistas dan justo a la parte trasera de la catedral, desde la Isla de San Luis. “Estábamos tomando una copa y de repente vimos toda la humareda y las llamas. Todo el mundo salió del restaurante y se agolpaban en el puente sobre el Sena” nos relata mientras nos enseña en su móvil una cantidad de fotos impresionantes con el techo de la catedral en llamas. “Hasta el camarero tuvo que salir para pedir a los clientes que pagaran porque todos se iban del lugar abducidos por el terrible espectáculo de cenizas.

Fuente de la noticia La Razón

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *