Los retos del deporte español en 2020

Es año redondo el 2020, pues se juntan los Juegos Olímpicos y un gran certamen de fútbol, la Eurocopa. En Tokio y en Europa a salto de mata se concentra un verano caliente. El año trae mucho más porque los deportistas españoles han acostumbrado al éxito al público. Atentos a Nadal y su 20 Grand Slam, Márquez y otro título, la Champions o las aspiraciones de Jon Rahm. Juegos Olímpicos, minorías al poder Son los deportes de minorías, los que no interesan a casi nadie durante el año, lo que salvan el recuento político, institucional y popular de las medallas cada cuatro años en los Juegos Olímpicos. Las estimaciones previas tan ajustadas que ya casi no fallan, como los hombres del tiempo, y la conquista posterior deparan un panorama singular. Oros, platas y bronces en Río 2016 llegaron de deportes gueto, de escasa visibilidad durante cualquier temporada, salvo en los veranos olímpicos. Natación, piragüismo, bádminton, gimnasia rítmica, taekwondo, además del tenis, el baloncesto, el atletismo o el ciclismo. Y algo parecido sucedió en Londres 2012, con los añadidos de la vela, la natación sincronizada o la lucha. La cadena sigue en términos similares en Pekín 2008, Atenas 2004, Sidney 2000, Atlanta 1996 o la gran ruptura con el pasado en blanco y negro de Barcelona 92 y su plan ADO tan aplaudido. En Tokio 2020 (24 julio al 9 agosto) las aspiraciones van por la misma ruta, con especial incidencia de las chicas en deportes clandestinos. Carolina Marín en bádminton, Mireia Belmonte en natación, Lydia Valentín en halterofilia… Una excepción a la regla: Alejandro Valverde, 40 años, quiere el oro en la prueba de ciclismo en ruta. Los prebostes hablan de un arco entre 16 y 20 medallas como logro admisible. España, un favorito más en la Eurocopa Dice Luis Enrique que somos favoritos para ganar la Eurocopa y, ya que el pronóstico es gratis y no vale nada, habrá que subirse a esa ilusión entre el 12 de junio y el 12 de julio. Después del ciclo único que inauguró Luis Aragonés con sus bajitos prodigiosos en la Eurocopa 2008, siguió con el gol de Iniesta de Sudáfrica, y la Eurocopa 2012 en aquella final irrepetible ante Italia, la selección española y los aficionados han mantenido una relación distante, tan habitual en el deporte español si los éxitos no acompañan. Decepciones varias (el Mundial de Brasil, la Eurocopa de Francia, y el tremendo Mundial de Rusia con seleccionador nuevo a tres días de empezar) han alejado al equipo de todos de las anteriores sensaciones de euforia nunca vista. Como es natural en el fútbol, se avista la Eurocopa de los doce países sedes desde el conflicto. La relación personal de los seleccionadores antes amigos (Robert Moreno y Luis Enrique) y los egos encendidos han regalado un panorama imprevisto. Vuelve Luis Enrique después de una desgracia sin comparación posible (la muerte de su hija Xana) y lo hace con fuerza. Asegura que España es favorita junto a un grupo cualificado de equipos. Es candidata Alemania por sistema y por la frase de Lineker: «Juegan once y siempre gana Alemania». También Francia, campeona del mundo y propietaria del único europeo fascinante y que marca la diferencia, Mbappé. O Portugal, vigente campeona de Europa con su Cristiano en la recta final. Cuenta, obvio, Bélgica, una selección repleta de jugadores imponentes y hechos (Courtois, Hazard, De Bruyne, Lukaku). Y Holanda, con el galáctico defensivo Van Dijk, De Jong, De Ligt y todos los del Ajax. España, rejuvenecida y en marcha con Luis Enrique, también tiene cartas para jugar la partida. El récord de Federer, a tiro de Nadal Una de las rivalidades más emblemáticas de la historia del deporte va camino del empate. A Rafael Nadal le falta una pieza de caza mayor para alcanzar a Roger Federer en el palmarés de los Grand Slam: 19 posee el tenista balear y 20 el incunable suizo. Para la mayoría de los analistas deportivos, críticos del tenis y exjugadores, Federer es el mejor tenista de todos los tiempos. Pero la realidad de los números puede desempolvar esta temporada otra versión: Nadal puede llegar al número redondo de los veinte. En Federer prevalece la variedad, siempre que la pista sea dura o rápida. Seis Abiertos de Australia, ocho Wimbledon, cinco Abiertos de Estados Unidos y un Roland Garros, el de 2009, precisamente el que se le escapó a Nadal en su secuencia arrolladora por aquella derrota ante el sueco Soderling. El español es el especialista máximo de siempre en la arena de Roland Garros (93 victorias y solo dos derrotas –la otra, frente a Djokovic, en 2015– y doce Copas de los Mosqueteros en un filón al que es imposible poner fecha de caducidad), pero su versatilidad ha alcanzado a todas las superficies (dos Wimbledon, cuatro Abiertos de Estados Unidos y un Abierto de Australia). La competencia entre ambos ha quedado registrada como un ejemplo de valores deportivos, amigos fuera de la pista y encarnizados rivales al otro lado de la red, pero siempre respetuosos con el prójimo, sin una mala palabra o gesto en tiempos de agresividad máxima en otras disciplinas deportivas. Sobre Nadal pesa una sentencia de su mentor y exentrenador, su tío Toni Nadal: «Rafael es un deportista lesionado que juega al tenis», dijo de su sobrino, 33 años y el cuerpo castigado por los esfuerzos. A Roger Federer le persigue otro dato, su edad. Ya tiene 38 años. Aunque ambos tendrán un ojo en el retrovisor, porque por detrás llega Novak Djokovic, con 16 títulos de Grand Slam y 32 años para gestionar su ascenso. Márquez puede alcanzar a Rossi Los propósitos de Marc Márquez irán en dirección contraria a los de este titular porque ya ha dicho públicamente que su objetivo no es superar a Valentino Rossi, autor de la patada más célebre del motociclismo y que expuso a las claras el mal perder del italiano. Márquez ha conseguido su octavo campeonato del mundo en 2019 y no se atisba en el horizonte un adversario para su categoría. En algún momento dejará de ganar, pero no parece ésta la situación. Está en el mejor equipo, ha logrado que contraten a su hermano como segundo piloto y ha licenciado a dos talentos que no resistieron a su talla, sus excompañeros Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa. En 2020 puede llegar a los nueve títulos de Valentino Rossi, que se dio un festín entre 1997 y 2009. Desde hace diez años, el italiano no ha vuelto a ganar un campeonato. Márquez, que cumplirá 27 años en febrero, está en su momento dulce: ha sido primero o segundo en todas las carreras que ha terminado en 2019. Rahm, a por su primer grande Jon Rahm Rodríguez, nacido hace 25 años en Barrica (Vizcaya), ha finalizado el curso en la cúspide del golf europeo. Es el número uno del European Tour, antigua Orden del Mérito y ahora denominada Race to Dubái, que premia con el número uno de la clasificación continental al jugador que acumula mayor cantidad de premios económicos a lo largo del año. Solo el pionero e incomparable Severiano Ballesteros lo había logrado en la historia española. El talento de Rahm se ha impuesto en los campos de medio mundo, cuatro torneos, tres en Europa y uno en Estados Unidos y esa distinción como número uno. Es el momento de asaltar un grande, el paraíso de los cuatro torneos principales del golf, Masters de Augusta, la PGA, el US Open y el Abierto Británico. El vizcaíno se lanza a la caza en 2020. El sueño perpetuo de la Champions Hay cuatro equipos españoles en los cuartos de final de la Champions, aunque solo uno ha plasmado su hegemonía en títulos. El Real Madrid ha conquistado cuatro de las últimas seis copas y es por historia y resultados el legítimo aspirante a revalidar su pasado, por más que se marchase Cristiano Ronaldo, el equipo pueda tener vaivenes o le falte gol a la tropa de Zidane. El Madrid es el Madrid. El Barça, que ha padecido los síndromes de Roma yLiverpool, no gana el trofeo desde 2015 y es normal que Messi se haya empeñado en ello. Es el sueño perpetuo del Atlético, que tiene al campeón Liverpool en los octavos de final. Al Valencia le ha favorecido el sorteo y puede disfrutar. Carlos Sainz, el objetivo de revitalizar la Fórmula 1 País pasional y de extremos, la Fórmula 1 ha pasado del cielo al suelo en cuestión de meses. Se retiró Fernando Alonso, su potente carisma y su secuencia única en este deporte, y Carlos Sainz se ha quedado como único representante español. Sainz tiene otro talante, maneja otros tiempos y posee otras virtudes. No es posible la comparación con Alonso, pero él estaba ahí después del tsunami. En 2018 ha ejecutado la mejor de sus cinco temporadas, sexto en la general final y podio en el GP de Brasil a bordo de un McLaren en progresión. Las expectativas son potentes con el madrileño, pero le queda un trecho amplio hasta su sueño: ser campeón del mundo. Desde su óptica competitiva, revitalizar la antigua pasión por la Fórmula 1 en España debería ser un objetivo básico.
Fuente de la noticia ABC

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