Los motivos por los que Raúl tiene al Castilla rozando el descenso a Tercera

La nostalgia, tan traicionera cuando se trata de pactar con uno mismo las expectativas con las que aguardará los acontecimientos del futuro, desdibuja realidades y crea mitos donde nadie dijo que los hubiera. En el caso de Raúl González Blanco hay un pasado donde se impone un «7» empapado en una forma de entender el fútbol que terminó fundiéndose con la del club. Hoy, unos cuántos años y algún ídolo que otro después, el excapitán trabaja a los mandos del Castilla para labrarse un prestigio también como entrenador. Su objetivo, explícito desde que abandonó la capital para afrontar un Erasmus tardío en el Schalke, es dirigir algún día al primer equipo del club que lo encumbró a la cima del fútbol mundial. Por el momento, el objetivo parece distante. O al menos, secundario dadas las circunstancias que lo acucian en el filial blanco. Raúl llegó este verano al Castilla después de dejar una grata impresión en el cadete B y el juvenil B. Sustituyó a Manolo Díaz –sucesor a su vez de Santiago Solari–, el técnico que se estrelló contra el Cartagena en el playoff de ascenso a Segunda. No es, pese al gatillazo, una derrota imputable como fracaso, complicadísimo como es para los filiales competir frente a clubes prácticamente profesionales –aquellos que aspiran a subir–, plagados de jugadores con las piernas talladas a base de kilómetros y que se juegan, en muchos casos, parte de su tranquilidad financiera cada fin de semana. Es el sentido en el que desde el Madrid defienden la labor de Raúl al frente del Castilla. Al exdelantero, dicen fuentes del conjunto blanco, se le ha entregado un equipo nuevo, hostigado por las múltiples bajas a las que debe hacer frente cada verano. Sin ir más lejos, del once que cayó en el partido de vuelta de la eliminatoria frente al Cartagena no siguen más que tres jugadores (Álvaro Fidalgo, Martín Calderón y Fran García). Puntales que hace un año empezaron la temporada con Solari, caso de Cristo, Seoane o Javi Sánchez, hicieron este verano las maletas para marcharse al fútbol profesional: el primero firmó por el Udinese y ahora está cedido en el Huesca, donde ha vuelto a coincidir con Seoane, mientras que el último recaló en el Valladolid. La situación se extiende con casos como los de Vinicius o Rodrygo, apuestas de futuro para el primer equipo que comenzaron fogueándose con el Castilla, obligado a hacerles un hueco para después ver cómo los perdían para afrontar el tramo más importante del año. La sombra del descenso
El caso es que la situación no debería sorprender a Raúl, que tras 15 partidos ve cómo la sombra del descenso lo acecha ya a sólo dos puntos, mientras que los puestos que dan acceso a la promoción de ascenso quedan a once. No ha ganado más que cuatro partidos en este grupo I de Segunda B y encima, la jornada pasada, perdió contra el Atlético B en el derbi de los filiales madrileños. Y con todo, no juega mal este Castilla, talento hay y de sobra, con chicos tan especiales como Gelabert a la cabeza. El problema está también en la experiencia, pues se trata de la plantilla más joven de la categoría, 22 años para el más crecido del vestuario, Fidalgo, y una media de 20,4. Sin olvidar que los futbolistas, apuntan desde el Bernabéu, conciben su presencia en el Castilla como un trampolín desde el que alcanzar cotas mayores. El cóctel de circunstancias dificulta la labor del responsable, caso de Raúl. Más aún cuando lo normal es que el futuro de los mitos termine estrellándose contra su pasado.
Fuente de la noticia ABC

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