Las cinco claves que marcan los próximos desafíos de Nadal

La foto que ilustra esta página resume a la perfección el año de Rafael Nadal, pletórico el balear después de renacer como tantas veces ha hecho. No hace tanto, en abril, estuvo a punto de parar y tomarse un tiempo de reflexión, castigado mentalmente y harto de tanta lesión. Alzó el vuelo, siempre ha sido así, y 2019 estará en un lugar importante de su carrera, campeón en París y en Nueva York cuando parecía prácticamente imposible. Ahora, y por mucho que se empeñe en demostrar lo contrario, se le presenta un reto mayúsculo, pues tiene los 20 Grand Slams de Federer a tiro. En Australia, dificilísimo ese torneo, podría cazarle para luego, en Roland Garros, ganarse la eternidad. Para entender la situación actual de privilegio del mallorquín, y para saber cuáles son sus próximos desafíos, hay que apuntar una serie de claves, nada en él es casualidad. 1. La gloria de este curso empezó a fraguarse a partir de un bajón tremendo que tuvo a Nadal en lo más bajo. Una lesión en la rodilla, otra de tantas, le obligó a retirarse en Indian Wells y no preparó como tocaba la gira por la tierra europea, esa que tantas portadas le ha dado. Montecarlo fue un mal torneo, pero Barcelona resultó ser un desastre, al menos el debut. Que conste que venció en ese estreno a Mayer, pero lo hizo tan mal que esa misma noche se sentó consigo mismo y se dijo que así no podía seguir. Llegó a plantearse un parón momentáneo, dejar de jugar unas semanas, pero quiso enfrentarse al problema en la pista, convencido también por Carlos Moyá y por el resto del equipo. Fue a más en Madrid, se reafirmó con el título en Roma y en la arcilla de la Chatrier confirmó que tiene más vidas que nadie. 2. Inevitablemente, esos 33 años se empiezan a notar, y más en un cuerpo tan exigido. El español siempre ha sido un tenista de largo recorrido, con unas condiciones físicas descomunales, pero su calendario cada vez está más estudiado. Antes admitía abiertamente que necesitaba horas en la pista para encontrar sensaciones, y ahora antepone la calidad a la cantidad. Este año, lleva 11 torneos, y no parece que vaya a jugar muchos más. Tiene en mente disputar la Laver Cup (20 a 22 de septiembre en Ginebra) y parece poco probable que esté en la gira asiática, así que no competiría oficialmente hasta el Masters 1.000 de París-Bercy. Luego está la Copa de Maestros y el año se cierra con la Copa Davis, del 18 al 24 de noviembre en Madrid. En total, 13 torneos, cinco menos que en 2017. 3. Con todo, Nadal podría ser número uno en breve y sin la necesidad de jugar, tan complejo es el sistema de puntuación de la ATP. Con la clasificación actualizada, Nadal despertó ayer a 640 puntos de Djokovic, que defendía corona en Estados Unidos. El serbio, cuyo próximo torneo es el ATP 500 de Tokio, está obligado a vencer en Shanghái para repetir el resultado de 2018 y que no se le escurran parte de esos 1.000 puntos que se agenció (al menos, debe llegar a semifinales). El caso es que es cuestión de tiempo que recupere el maillot amarillo, un reto atractivo porque se acerca el epílogo de esta temporada y lo que realmente valora Nadal es terminar el ejercicio en lo más alto. Ya acabó como número uno en 2008, 2010, 2013 y 2017, así que podría conseguirlo por quinta vez, las mismas que Djokovic. Habrá que ver, además, cómo evoluciona el balcánico después de retirarse en Nueva York por problemas en el hombro izquierdo, un contratiempo a tener en cuenta. Más que nada porque, más allá de los mencionados puntos que debe defender en Shanghái, Djokovic llegó en 2018 a la final de París-Bercy (perdió ante Khachanov, sumó 600 puntos) y a la del Masters de Londres (derrota ante Alexander Zverev, se llevó 1.000 puntos). 4. El paisaje de Nadal está iluminado y, después de un tiempo prudencial para saborear esta alegría, en el horizonte ya vislumbra enero 2020 y Australia, el próximo grande y en el que podría igualar a Federer. El objetivo es muy goloso porque puede ponerse en situación de ser el más grande si, como acostumbra, vuelve a conquistar París en junio. Después de varias cornadas, Nadal se sigue moviendo por la ilusión y por el deseo de mejorarse. Solo así se entiende que haya llegado hasta aquí. 5. En plena euforia, es obligatorio destacar la figura de Carlos Moyá, un soplo de aire fresco que reactivó al zurdo después de toda una vida con su tío Toni. Moyá, íntimo amigo personal de Nadal, ha aportado dinamismo a los entrenamientos y una visión actualizada para el tenis de ahora, también psicólogo cuando la situación lo ha requerido. No hay que olvidarse de Francis Roig, la voz de la experiencia y que forma con Moyá una bicefalia ganadora repartiéndose los torneos del campeón.
Fuente de la noticia ABC

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