La saudade de Vinicius

En una de esas mansiones de película que emergen en el lujoso barrio de la Moraleja, al norte de Madrid, un joven brasileño de 19 años recién cumplidos convive con Wesley Menezes y Luiz Felipe Menegate, sus dos mejores amigos de la infancia, la tía Vanessa, la mejor cocinera del mundo de feijoada, el plato típico de Brasil, y una decena de familiares más, todos ellos con el único objetivo de hacerle la vida tan fácil que su única preocupación sea poner todos los sentidos en su oficio, jugar al fútbol. Vinicius José Paixão de Oliveira Júnior inicia este sábado de manera oficial su segunda temporada como futbolista del Real Madrid, tras un brillante primer curso en el que superó sobradamente todas las expectativas. Con permiso de Karim Benzema, el mejor jugador blanco en una campaña gris, el motivo más ilusionante por el que los aficionados acudieron cada dos semanas al Santiago Bernabéu, pero de aquella impactante irrupción de felicidad ya no queda ni la sonrisa «profidén» del mirlo brasileño. Proceso invisible
La saudade de Vinicius ha sido un proceso lento, invisible, pero ya es imposible de negar. Todo comenzó el 5 de marzo, en el partido de vuelta de octavos de Champions contra el Ajax. Rotura de ligamentos de la articulación tibioperonea de la pierna derecha, o lo que es lo mismo, dos meses de baja para Vinicius. Su grave lesión coincidió con el despido de Solari y el regreso de Zidane, una concatenación de hechos que dejaron al brasileño sin el premio de debutar con la selección absoluta de su país y, finalmente, sin ser convocado para la Copa América, a pesar de la exclusión por lesión de Neymar a última hora. A este mazazo, ayudó el polémico manejo de su regreso a los campos por parte de Zidane. Ya recuperado, y con tres jornadas de Liga aún por jugar, el francés solo le dio la titularidad en la última fecha, cuando Tite, seleccionador de Brasil, ya había anunciado su lista de 23. Vinicius se marchó de vacaciones resignado, pero optimista. Sabía que jugar la Copa América con su país y en su país era una oportunidad única, pero también es consciente de que a sus 18 años tiene toda su carrera por delante. Y el balance general del curso era notable. De hecho, Zidane le hizo saber que tener 50 días de vacaciones tras un primer año de tantas emociones era lo mejor que le podía pasar para llegar a la pretemporada con la mente y las piernas cargadas. Eso hizo Vinicius, pero el escenario encontrado nada tiene que ver con el esperado. Suplente, incluso lesionado Asensio, con Lucas Vázquez por delante en las preferencias de Zidane, y mutada su posición a la derecha tras la llegada de Hazard. Un rol testimonial que le tiene preocupado. Desborde, regate en seco y en carrera, filigranas, paredes, carreras al espacio, rupturas hasta línea de fondo, asistencias, trabajo en zonas defensivas… el repertorio del brasileño es extenso y prometedor, a excepción de una falta de puntería corregible con el paso del tiempo, pero Zidane no parece verlo así. El lenguaje gestual de Vinicius esta pretemporada transmite más melancolía que alegría, que es lo que ha perdido precisamente su juego. Extraño en una zona del campo desconocida para su fútbol, no encuentra la química con sus compañeros y se le ve menos ágil y veloz que la pasada temporada y su mirada ya no proyecta destellos. Es la saudade de Vinicius.
Fuente de la noticia ABC

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *