La rocambolesca idea de llevarse la liga australiana de rugby a un islote

Desde los años 60, cuando Arnold Palmer y Marck McCormack crearon la empresa de marketing deportivo IMG, la televisión y el deporte han ido de la mano. Ya no se trataba de hacer un resumen de los eventos en el NO-DO de turno, sino de vender a los protagonistas a nivel mundial. La innovación tecnológica que supuso utilzar los satélites para transmitir en directo los Juegos de México 68 a todo el planeta fue la guinda que le faltó a un pastel que no ha dejado de crecer desde entonces. Tanto, que medio siglo después no se entienden ambos elementos por separado y los deportistas se han convertido en unos personajes más de la fauna catódica. Por eso, cuando una pandemia obliga a clausurar las competiciones por doquier, empiezan a saltar las alarmas. Las ligas y los clubes empiezan a resentirse y aparecen los ERTE en España y las regulaciones de empleo en otros países. Si no hay imágenes, no hay publicidad y nadie se hace cargo de las nóminas de las grandes figuras. Por eso, los organismos se agarran a un clavo ardiendo antes de tener que pronunciar la palabra maldita: suspensión. De momento los grandes eventos se están aplazando (JJ.OO., Eurocopa, Masters de Augusta, Wimbledon, Roland Garros o Giro de Italia) y las ligas están buscando fechas en el calendario para que el final de esta campaña no se solape con el comienzo de la siguiente. En esta línea, hay numerosas propuestas sobre la mesa, pero la que están sopesando varias organizaciones es la de hacer reunir a sus equipos en un solo lugar y disputar todos los partidos sin público. Es decir, un confinamiento colectivo que evitaría los viajes y la posibilidad de propagar el virus cada vez que se bajaran del avión. Una fórmula de este calibre sería útil en disciplinas como el fútbol o el baloncesto, ya que en un formato de cuadro tenístico podrían disputar eliminatorias hasta llegar a dos finalistas y así mantener el interés televisivo. Pero ha habido un avispado dirigente que ha dado un paso más allá. Analizando los intereses del público medio y sabedor de que lo que más se consume son deportes y realities, ha propuesto unir ambos géneros. Todd Greenberg, responsable de la National Rugby League australiana, ha propuesto reunir a sus 16 franquicias en la isla tropical de Moreton (Queensland) y emitir sus vivencias al estilo «Gran Hermano» deportivo. Se trata de un resort con capacidad para 1.500 huéspedes que actualmente se encuentra vacío por las restricciones y que, de paso, se salvaría así de la ruina a la que ahora se ve abocado. Con imaginación se puede sacar algo bueno de los peores momentos.
Fuente de la noticia ABC

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