La modernista ampliación del Colegio de Doncellas de 1900

El 25 de octubre de 1551, el arzobispo Juan Martínez Guijarro –conocido como Silíceo-, funda el Colegio de Doncellas Vírgenes de Nuestra Señora de los Remedios para educar a un centenar de jóvenes sin recursos, «naturales de la provincia eclesiástica de Toledo», de «sangre limpia», clave ésta que confería la «nobleza» a las allí acogidas. Las plazas eran vitalicias si no deseaban abandonar el centro. Al casarse tenían derecho a dote, perdiéndola si profesaban en una orden religiosa, pues se pretendía formar esposas y madres cristianas. La Corona y el Arzobispo de Toledo eran los patronos natos. Cada uno disponía de 60 y 40 plazas respectivamente, reservándose seis para familiares del fundador. Con el tiempo los rígidos preceptos iniciales se irían relajando. En 1859, una Real Orden calificaba a la institución como un E
stablecimiento general de la Beneficencia del Estado aunque, ya se sabía que las alumnas eran hijas de «padres muy acomodados». Su última reforma estatutaria fue el 20 de julio de 1988, tornándose en Residencia Universitaria Virgen de los Remedios (de pago) para estudiantes femeninas que convivirían, por cierto, con las dos colegialas que allí seguían conforme a los históricos derechos de la fundación, la última fallecida en 2002. Galería de imágenes Vea la galería completa (9 imágenes) La primera sede estuvo en la llamada Casa de Mesa. En 1558 ya había pasado a una propiedad de Diego Hurtado de Mendoza, conde de Mélito, que recibiría continuas obras hasta el siglo XVIII. Al aparejador de la Catedral, Hernández Sierra, se asignan las trazas barrocas de la capilla (1757) y a Ventura Rodríguez una gran reforma (1776) en un depurado clasicismo. Un siglo después, en el marco de la Restauración borbónica, el Colegio gozaba de saneados fondos que se aplicarían a erigir un rico mausoleo al cardenal Silíceo que ejecutó el escultor Ricardo Bellver, en 1887, tras desecharse una propuesta de Ramiro Amador de los Ríos en 1885. Aún, antes de cerrarse ese siglo, se aprobaría ampliar el centro en un solar propio, separado tan sólo por una calle. En septiembre de 1900, el director, el canónigo Luis Fernández de Lara, solicitaba al Ayuntamiento ejecutar la obra según el proyecto del arquitecto madrileño Santiago Castellanos Urízar (1846-1920), titulado en 1869, compañero de renombrados colegas como Rucoba, Repullés o Rodriguez Ayuso. Fue técnico de la Diputación de Soria durante una breve etapa (1871) para trabajar después, esencialmente, en Madrid. Allí realizó ciertos encargos oficiales, como la reforma del Asilo de Inválidos del Trabajo (1888-98) o en la ampliación del Hospital del Niño Jesús (1901), además de varias obras privadas. Fue arquitecto de la Dirección General de Beneficencia y Sanidad (1890) -a la que correspondía supervisar el Colegio de Doncellas- y del Ministerio de Hacienda en tareas del Catastro y de inspección de arquitectura, donde se jubilaría en 1918. El proyecto del Castellanos se concreta en un edificio casi cúbico, con fachada a tres calles y dos puertas accesorias al jardín lateral y a la calle de la Virgen de Gracia, respectivamente. En torno a un patio central articuló tres plantas coronadas por una azotea y un torreón. Los alzados exteriores crecen a partir de un zócalo de sillería bien labrada, cajas de mampostería, que evocan los muros toledanos del XVII, entre el manifiesto protagonismo del ladrillo como material de cierre y de ornato en una saliente imposta y bajo las enrejadas ventanas. Los abundantes huecos de las fachadas y su carpintería original de persianillas se acercaban más a los modelos urbanos madrileños de la época que a los usos locales. En el lateral izquierdo situó un jardín protegido de la calle mediante un alto paredón con un opaco portón metálico. Lo más singular fue el viaducto que trazó sobre la vía pública que separa la nueva obra del histórico núcleo del XVIII a fin de comunicar ambas zonas. En este elemento aéreo Castellanos aplicó el vidrio y el hierro para darle luz y ligereza, siendo un contrapunto al antiguo cobertizo ubicado en la misma calle entre dos fincas particulares. En la moderna pasarela y en el patio central, se aprecia alguna inspiración modernista de finales del XIX, matiz que el arquitecto también eligió para emplearlo en encargos privados. La estructura metálica fue realizada por los talleres madrileños de fundición de la empresa Munar y Guitari. En 1909, una Memoria del Director General de Administración, Antonio Martín de la Bárcena, señalaba que el Colegio de Doncellas, considerado como Fundación de beneficencia particular, contaba con un capital que rebasaba los 8 millones de pesetas, una renta que pasaba de las 300.000 pts. y un sobrante, sin aplicar, de 1.153.012,14 pts. Este positivo balance se veía como «un cargo de conciencia», pues los patronos lo debían invertir debidamente. En 1913, según expuso públicamente el administrador del centro, Venancio Ruano (alcalde que fue en 1902), desde el arzobispado y, siguiendo los consejos del «Médico del Establecimiento», se acordó emplear los fondos para dotar al centro de las condiciones «que la Pedagogía y la Higiene moderna» aconsejaban «en bien de la enseñanza y la salud». Se crearía un gran jardín y otras dotaciones de recreo adquiriendo las viviendas particulares contiguas, incluso el paseo de la Virgen de Gracia hasta llegar a la calle de la Cava Alta. Este ambicioso propósito lo desvelaron, en 1912, dos cabeceras madrileñas: El Liberal y España Nueva. De inmediato El Eco Toledano se sumó a la denuncia: una selecta fundación podía arrasar una parte de la antigua judería con sus restos arqueológicos y numerosas viviendas de modestos vecinos. A pesar de ciertos apoyos ministeriales, eclesiásticos y municipales, el plan decayó hacia 1920, tras recibir firmes censuras de artistas, instituciones varias y sociedades obreras. En 1990, tras la reforma estatutaria del Patronato, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha adquirió parte del histórico núcleo del Colegio y la ampliación levantada en 1900. A partir de 1994, a esta última, llegaría la administración autonómica una vez reformados los antiguos espacios, según el proyecto de J. Gómez-Escalonilla, B. Juan Santágueda y J. López. Esta actuación permite ahora ver resaltada la estructura original en torno al patio interior, además de abrir el jardín lateral a la visión pública e integrar como salón de actos la nave de la antigua capilla hospitalaria de Santa Ana, cuyo retablo realizó el Greco. El edificio colegial trazado por Santiago Castellanos fue declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en marzo de 1998. Rafael del Cerro, historiador
Fuente de la noticia ABC

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