La Milicia de Canarias del Ejército de Tierra: 446 años de la creación por Felipe II

A lo largo de la historia se han contado con una serie de tópicos sobre la defensa de las islas. Sin embargo, las cosas son distintas: siempre hubo apoyo desde la Península. El Ejército de Canarias jamás estuvo aislado, pues conformaba un ejército global como era el hispánico de la época: un ejército sólido, estructurado, preparado para la defensa y el ataque permanentemente movilizado. En situaciones de reposo o inactividad, movían mandos para entrenamiento o supervisión de tropas bisoñas. Un 29 de abril de 1573 Felipe II firmó la Real Cédula por la que se constituye el Tercio de Milicias de Las Palmas, Telde y Guía he podido hallarlas ni en el Archivo General de Simancas, ni en el del Instituto de Historia y Cultura Militar de Madrid ni en el Archivo Histórico Nacional también de Madrid. La primera hueste se acuarteló en Canarias fue también en otro mes de abril, pero de 1480: en el arranque de la Conquista de las islas Canarias en estos años está en guerra y toda ayuda externa es bien recibida. Que vengan desde Lisboa tampoco debe extrañarnos mucho. Tanto por situación geográfica como táctica y estratégica, Coruña, Lisboa, Canaria es un territorio convergente en la asistencia y defensa del corredor americano con centro táctico en las canarias. Desde los trabajos del historiador militar, coronel Celestino Rey Joly, de principios del siglo XX, nadie duda de que los orígenes de las tropas regladas en Gran Canaria se remontan a los 50 infantes que, por Real Cédula de 24 de noviembre de 1480 expedida en Medina del Campo, los Reyes Católicos envían a aquella isla para reforzar su presidio. Que no se hayan encontrado, sin embargo, no significa que no puedan existir entre las más de 54 cajas que aún siguen sin clasificar en el mismo archivo del Instituto de Historia y Cultura Militar o que no estén perdidas en alguno de los archivos particulares de los investigadores que hayan podido tener el privilegio de estudiarlas. Campañas
De una u otra forma, lo primero que implican la existencia misma de estos dos datos más los otros que encontrados a lo largo de su búsqueda es que, primero, no resulta muy descabellado aceptar que el actual RIL «Canarias 50» tenga, como sostiene el historial del Regimiento, su antecedente más mediato en aquellos Tercios de Milicias de la isla; pero segundo, y fundamental, que tanto con relación al Tercio como al presidio cabe hacer una reflexión importante antes de profundizar en su misma historia que cuestiona lo que se ha dicho por la historiografía académica hasta nuestros días. A saber: el presidio, como fuerte o fortaleza fronteriza de carácter militar, no se funda originalmente en las campañas de Italia ni en el Rosellón con los Reyes Católicos hacia 1496 como han sostenido Parker y Albi de la Cuesta respectivamente; tampoco es, por consiguiente, una importación de aquellas tierras a España ni el Tercio es sólo una unidad de combate pensada para la guerra de Flandes. La Conquista de las islas contó con dinero de las diócesis de Sevilla y Cuenca. Este apoyo surge tras «Bula por la Cruzada de Canarias» El Tercio es un instrumento militar moderno con el que España revoluciona la organización, la estrategia y la táctica de combate en los siglos XVI y XVII, lo suficientemente flexible y adaptativo que es capaz de mestizarse con las milicias como también demuestra el caso canario. Así es en efecto. De acuerdo con la primera Real Cédula citada, antes de 1480 existía ya un presidio en la isla, muy posiblemente constituido con el sobrante de las tropas que llevaron a cabo la Conquista después de su disolución. Sabemos que esa Celestino Rey Joly nació en 1875 y murió en 1958. Su hija, María del Carmen Rey Ruiz, donó al Servicio Histórico Militar en 1966 la colección completa de los Historiales escritos por su padre. Él escribió el correspondiente a Las Palmas, núm 66, mecanografiado, cedido por el coronel Carlos Martín-Cleto Castro, jefe de la unidad de Historiales del Instituto de Historia y Cultura Militar en el cuartel del Infante Don Juan. La primera hueste se acuarteló en el margen del Guiniguada, no muy lejos del lugar de la fundación del Real de Las Palmas. Hasta el 29 de abril de 1480 esta ciudad y su isla no se conforman como territorio de realengo ni comienza el proceso de organización de nuevas fuerzas para finalizar la conquista de esta isla y afrontar la de las islas de La Palma y Tenerife. Ahora bien, desde el mismo momento de la fundación de la ciudad, Gran Canaria (o Canaria, simplemente como aparecía entonces en los documentos) es acosada por piratas bereberes contra los que además habría que armar una escuadra local en varias ocasiones. Cruzada
Es más, sabemos también que esa nueva conquista, por valor de 268.000 maravedís, sería financiada por las parroquias de las diócesis de Sevilla y Cuenca al menos (la famosa Bula por la Cruzada de Canarias, y que sólo para unirse a la gente que Pedro de Vera llevara a la Conquista de Gran Canaria se organiza una leva de 100 ballesteros en Sevilla en febrero de ese año de 1480. Además, no nos es desconocido que tras estos primeros presidios se constituyen otros conforme se acentúan los peligros por las incursiones de los bucaneros franceses e ingleses. De todos esos presidios, Rumeu de Armas da cuenta del que se constituye en 1571 con 12 infantes y 3 artilleros, presidio que se amplía al año siguiente cuando su capitán, Gaspar de Salcedo, regresa de Sevilla con órdenes concretas del rey y con 40 soldados más y 3 artilleros. Pero no es el único. Desde 1510, es una obsesión del Real de Las Palmas su artillado y defensa así como su ambición por arrebatarle su control al gobernador. Felipe II
Esta obsesión se prolonga a lo largo de las décadas siguientes y, en particular, en las de los 40 y 50 cuando la guerra ha estallado con el francés y es la autoridad del capitán Pedro Cerón quien logra hacerse con el control absoluto de la situación. En varios documentos de la Cámara de Castilla se observa esta evolución y se confirma que en noviembre de 1554 ya está completado el fortificado de la isla. En una Real Cédula de Felipe II de fecha 10 de febrero de 1571, se da cuenta que en otras cédulas anteriores había confiado la defensa de las islas a 68 soldados al mando de un sargento, defensa para la que se había solicitado a la fábrica de armas de Madrid 1000 picas y 600 arcabuces, con sus respectivos «aderezos», en 1567. Felipe II autoriza este pedido a petición de Pedro González de Escalante, al parecer el visitador de las islas o, lo que es lo mismo, el inspector de la corona para las milicias y las fortalezas a decir de Rumeu de Armas. Este material en sí mismo demostraría la existencia de algo parecido a un Tercio en aquella época, por cuanto si seguimos el modelo establecido por Gonzalo Fernández de Córdoba, antes de la reforma del Duque de Alba, el aumento de la potencia de fuego se conseguía al disponer un arcabucero entre dos piqueros en una unidad, el Tercio, que en la práctica no superaba los 1.600 soldados. Realengo
Año 1556: El poder de Juan de Lugo arranca de aquí. Él conquista las islas de realego de La Palma y Tenerife. Se avecina en Sevilla donde es mercader. El dinero de la bula pasó por su bolsillo, que luego devolvió. Su primer interés fue la «orchill». (Toledo, 27 abril 1480). Su primer concesionario es el Comendador Mayor de León. Ssostenido la historiografía local canaria desde Manuel de Ossuna y Van-Den-Heede hasta la actual Cátedra Cultural General Gutiérrez, la defensa de las islas no se soporta únicamente en la milicia local. La corona y un ejército profesional estable están presentes organizando y dirigiendo esta defensa desde el primer momento de la conquista. Hecho, por otra parte, que no podía ser de otra manera, pues, una vez que las islas se incorporan a la Corona de Castilla sufren como territorio fronterizo los mismos embates que el resto de las fronteras del reino y, en consecuencia, pasan a ser tratados como cualquiera de éstas. El presidio es, como hemos visto, el recurso primero en el que piensa la Corona, pero no sería el único. Los Tercios de Milicia en Canarias serían otra herramienta singular ideada para garantizar esta defensa territorial en las islas. Integridad
Los presidios militares son guarniciones españolas que «desempeñaban también otro papel político-militar». Aunque, según Parker, aparecen originalmente en el norte de Italia, y, según Albi, en el Rosellón, como hemos visto hay ya presidios en Canarias inmediatamente después de la conquista con las mismas funciones que la historiografía consolidada atribuye a esos. La integridad y defensa del territorio es uno de los objetivos fundamentales de estos presidios, pero a la vez una forma de mantener «entretenidos» a los soldados cuando no están en combate y aprovechar su experiencia para formar a los bisoños y más jóvenes. Canarias está amenazada por bereberes y franceses desde el siglo XV. A esta amenaza se suman ingleses y holandeses a partir de mediados del siglo XVI, una vez que la guerra de landes se hace global y se amplían sus supuestas fronteras iniciales. Es en este preciso momento cuando Canarias aparece con un cierto protagonismo indiscutible en la frontera sur del Imperio y cuando empieza a generalizarse la existencia del presidio. El problema real estaba con los discapacitados para los que este Ejército global no siempre disponía de pensión Pero que sea así no significa que no existiera desde antes y que este presidio no tuviera una trascendencia especial desde 1480 hasta 1571. Es en estos años realmente cuando se terminan de organizar las milicias locales, luego encuadradas en los famosos tercios, pero sobre todo cuando se abordan las primeras grandes fortificaciones defensivas de las islas. Rumeu de Armas lo cuenta con detalle y no vamos a insistir en ello, pero el artillado y la planificación de la defensa del archipiélago no se puede entender en estos años sin la existencia de un presidio permanente constituido por soldados profesionales al servicio del rey y pagados por cada una de las instituciones de gobierno local. De ahí el pulso permanente entre la élite local y la corona y la resolución final, a mi entender, de constituir una unidad híbrida como son los Tercios de Milicia Canarias en un proceso político más amplio de centralización del poder real. El insularismo local
Cada uno de estos presidios están formados por soldados profesionales que tienen por misión la defensa de las islas así como el adiestramiento de las milicias locales. La carrera profesional de estos soldados también puede reconstruirse con los documentos de la época. No se enrolan en los Tercios antes de los veinte años. Se ascendía de soldado a alférez a instancias del capitán. Al capitán lo nombraba directamente el rey, por lo que este empleo solía estar reservado a unas familias determinadas, al menos hidalgas o con prestigio en las «cosas de armas» [Simancas, GYM, leg. 308]. Hubo casos que un sargento mayor fue nombrado capitán sin ser noble. El grado de Maestre de Campo y siguientes se reservaba directamente a la nobleza, pero por decisión real y ante un expediente personal donde se reflejara sus conocimientos militares y méritos en el combate. Esta carrera, sin ser muy rígida, tampoco es flexible. En las mismas cartas estudiadas se observa que una misma persona pudo haber sido sargento en un Tercio y soldado en otro. Situaciones
La graduación no se mantenía. Incluso, pudo haber sido sargento y alférez para un capitán y luego soldado para otro. De hecho, el nombramiento siempre dependía del capitán, cuyos oficiales eran gente de su confianza. En el Servicio Histórico Militar de Madrid, Depósito histórico, (Tomo 4, hoja 293-294), Felipe II somete a consideración del gobernador de la isla de Gran Canaria el nombramiento de Melchor de Olivares Maldonado como capitán de la gente de armas de la isla. A diferencia del capitán que puede nombrar el Cabildo como jefe de la Milicia local, este capitán es un oficial del rey que está por encima en jerarquía del otro y que tiene como misión velar por la defensa del territorio de su señor prestando su experiencia y conocimientos militares a las instituciones locales. En la cédula el rey dice que el capitán «tiene la experiencia que se requiere de cosas de guerra» y que se le abone por parte del gobernador un salario «conveniente». Existía un flujo constante de veteranos (profesionales) entre los ejércitos entre las islas y la Península Estado de alerta
El problema fundamental, sin embargo, del soldado profesional era la inactividad. A ésta se llegaba por falta de guerra, licenciamiento o discapacidad. Las dos primeras situaciones podían ser corregidas sin gran dificultad con el enrolamiento en un nuevo Tercio o el encargo del rey para constituir una compañía; también con lo que se llamaba «entretenimientos», temporales o vitalicios en los tercios o en la vida civil. Muchos de los soldados al licenciarse pasaban a «entretenerse» como maestros en la vida civil [Simancas, GYM, leg. 309]. Pero el problema real estaba con los discapacitados para los que este Ejército global no siempre disponía de pensión. ¿Qué hacer, por ejemplo, con un capitán que había perdido la vista en acto de servicio? En Simancas, «Diversos de Castilla, Leg. 121» se pueden leer varios documentos sobre la defensa de Lisboa y Portugal en el año 1581. Contiene también una relación sobre la defensa del Castillo de San Juan. Los documentos del 154 al 157 hacen relación al envío a Canarias de varios sa rgentos y alféreces para islas de Canaria, Tenerife y La Palma durante el verano de 1580. Lo importante de los documentos no es tanto esta información concreta como lo que descubre: que es que existía comunicación constante y abierta entre los tercios a pesar de la aparente inelasticidad. Existía un flujo constante de veteranos (profesionales) entre los ejércitos. (*) Fernando Castro de Isidro es historiador. Acaba de publicar Mort pour la France. Miguel Campos Delgado. Un «canario en la II Guerra Mundial», Santa Cruz de Tenerife, IDEA, 2018.
Fuente de la noticia ABC

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