Klopp, el apóstol del rock and roll

Asoma Jurgen Klopp y la estancia se llena porque el alemán posee ese don indescifrable llamado carisma. Está en Madrid para medir a su Liverpool apabullante frente al Atlético que duda del cholismo. En la sala de prensa del Wanda se muestra un deportista con gancho, capaz de conducir la conversación y liderar las carcajadas. «A fin de cuentas, no hay que tomarse la vida tan en serio», resume cuando se despide de los medios de comunicación. A Jurgen Klopp lo definió la BBC en un reportaje como el fenómeno cultural de las tres ex: exuberante, explosivo y exitoso. Un carácter extrovertido y una personalidad abierta lo han convertido en una estrella del rock. Después de cinco años armando la banda sonora del equipo más popular de Inglaterra, que fue santo y seña en los años 70 y 80, el técnico alemán produce música celestial en formato heavy metal desde el banquillo. Actual campeón de Europa de regreso al Wanda, virtual campeón de la Premier desde Navidades (25 puntos de ventaja al Manchester City) y candidato número uno a ganar la Champions 2020. Klopp quería ser médico, pero se doctoró en Ciencias del Deporte con una tesis original –«Caminar»– mientras compaginaba los libros con sus andanzas futboleras. Era un delantero reconvertido a defensa del montón. «Tenía habilidades de quinta división y cerebro de primera». Se quedó en tierra de nadie, la segunda división. Aspecto desaliñado Al adversario del Cholo Simeone en el partido de hoy lo descartó el Hamburgo, hace casi dos décadas, por su aspecto desaliñado. Prejuicios contra alguien que se había ganado la vida como dependiente en una tienda de alquiler de películas de vídeo y como cargador en un almacén de construcción. Futbolista discreto y desde el primer día, entrenador interesante. Se estrenó en el Maguncia, donde el Museo Gutenberg que homenajea al inventor de la imprenta, y sentó cátedra en el Borussia Dortmund. Siete temporadas en el equipo amarillo, cantera que ha exportado algunos de los mejores futbolistas de los últimos tiempos: Robert Lewandowski, Lehmann, Gundogan, Reus, Aubameyang, Hummels, Goetze, Subotic… Casi todos al enemigo común en Alemania, el Bayern de Múnich. Cristiano protestante, votante de izquierdas y casi siempre a contracorriente, Klopp se transformó en Alemania en algo así como un antisistema del Bayern Múnich, en permanente disputa dialéctica o futbolística con el gigante económico y deportivo de la Bundesliga. De la industrial Dortmund a la obrera Liverpool, Jurgen Klopp ha transportado su fútbol intenso, acelerado y enérgico, sus celebraciones calurosas y efusivas que contagian a la grada fervorosa de Anfield, su elocuencia y agilidad mental en las entrevistas o ruedas de prensa… «Si yo estoy en el nivel 4 en la expresividad en la banda, Simeone se eleva por encima del 12. Yo estoy en la guardería respecto a él», valoró ayer. El trabajo de reconstrucción del añorado Liverpool que conquistó la Champions en 2005 le ha llevado cuatro años. La primavera pasada levantó la Copa de Europa en el Wanda ante el Tottenham en una de las peores finales que se recuerdan. Este invierno los equipos ingleses pelean por objetivos secundarios: la Premier tiene dueño. «Pero el Atletico es una de las situciones más difíciles que puden suceder en la vida de un futbolista –replica el germano–. Es un equipo bien organizada, una máquina bien engrasada que obtiene resultados de todos los partidos. Este año parece en época de transición, pero nos crearán oportunidades, no los veo tan mal como se dice. Venimos a luchar, para eso estamos aquí». El Gegenpressing En Inglaterra ha patentado una expresión, el Gegenpressing, la contrapresión que se resume en pocas palabras: si la pierdes, la recuperas de inmediato. Teoría según la cual el mejor momento para recuperar la pelota es inmediatamente después de haberla perdido, cuando el oponente estará buscando la mejor orientación para pasarla. Eso se traduce en el Liverpool en ataques rápidos y goles en abundancia. Una mezcla de concentración, organización, velocidad y talento. Nada que pueda reproducir el fútbol de posesión que representan Guardiola, Setién o más antiguo Menotti. Klopp no quiere un ochenta por ciento de posesión del balón, sino lluvia en un césped deslizante, la cara embarrada y cuatro días recuperando golpes. Le unen matices a Simeone y le separa su pasado como futbolista, según recordó con humildad: «Él fue fue un futbolista de elite, yo no. En siete años, Simeone ha conseguido más éxitos que en 15 años el club». En este ejemplo resumió Klopp su espíritu en una entrevista al Daily Mail. «A Wenger (el extécnico del Arsenal)] le gusta tener la pelota, dar pases. Es una orquesta, una melodía silenciosa. A mí me gusta el heavy metal. Siempre lo quiero en voz alta».
Fuente de la noticia ABC

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