Juan Rana, el actor que se reía hasta de su sombra, sometido a juicio

«Se le acusa de risa deshonesta, blasfemia, desacato, irreverencia, provocación, espíritu crítico, herejía y contumacia en el pecado nefando». Quien se somete a estas acusaciones es Juan Rana, nombre del personaje asociado a Cosme Pérez, un actor de nuestro Siglo de Oro -uno de los cómicos más celebrados y populares-, para quien escribieron autores como Calderón de la Barca. Lo ha sentado en el banquillo de la Santa Inquisición Ron Lalá, que ha convertido al contrahecho actor en el protagonista de su nuevo montaje, realizado en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico: «Andanzas y entremeses de Juan Rana». La dirección es de Yayo Cáceres, la dramaturgia de Álvaro Tato, y los intérpretes son Juan Cañas, Daniel Rovalher, Miguel Magdalena, Íñigo Echevarría y Fran García. En el montaje se enhebran, dentro de ese proceso inquisitorial -escrito en verso clásico, cuenta Tato-, varios entremeses: «Las dos Juan Ranas», «El toreador» y «El triunfo de Juan Rana», de Pedro Calderón de la Barca -este último lo estrenó el actor tan solo un mes antes de morir, y que supone, dice el dramaturgo, «la exhumación de una maravilla»-; «Los galeotes», de Jerónimo de Cáncer; «El retrato vivo», de Agustín Moreto; y el entremés anónimo «El infierno». Dice Yayo Cáceres que la intención de Ron Lalá no ha sido únicamente rescatar y recrear en escena estos entremeses y rendir homenaje a uno de los grandes actores de nuestra historia. «Tambíen queremos preguntarnos sobre la risa -asegura el director de escena-. Preguntarnos y preguntar qué sucedería si no pudiéramos reírnos de nosotros y de las cosas de la vida que nos pesan. Sobre la corrección política y esta especie de ofensa social que flota en el aire en estos tiempos que corren. Juan Rana es enjuiciado y a través de él son enjuiciados el humor y la risa. ¿Cuál será el veredicto? ¿Seremos capaces como sociedad de no perder la capacidad de reírnos? ¿Dónde está el límite del humor y de la risa? ¿Existe el humor en sí o solo existe a través del cerebro que descifra una situación?» Y es que, añade Cáceres, es muy posible que Monty Python o Gila no hubieran pasado hoy en día el filtro de lo políticamente correcto. La elección de Juan Rana no es gratuita. El actor, un hombre contrahecho, «se reía hasta de su sombra y de todos los estamentos», asegura Álvaro Tato, que añade que estaba protegido por los Austrias y tenía sitio en la mesa del Rey Felipe IV. Y añade Cáceres que «marcó toda una época. Se rio para poder ser libre, para poder soportar una vida que no tiene final feliz». Completa Tato: «fue encarcelado por sodomía en 1636, y lejos de retractarse, durante todo el año siguiente a su puesta en libertad multiplicó sus referencias y bromas públicas al respecto, como atestiguan entremeses como «Juan Rana mujer» o «El parto de Juan Rana», en tiempos en que lo que se jugaba era la hoguera». El montaje, con el sello «ronlalero», lo definen sus responsables y quiere, concluye Miguel Bustamante, «devolver el Siglo de Oro a su origen popular».
Fuente de la noticia ABC

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