Haaland, el niño condenado al gol que amenaza al PSG

Lo de Erling Haaland (Leeds, 19 años) raya la maldición. Tiene 19 años y marca goles como si le fuera la vida en ello. Aunque lo cierto es que, a esas edades, pocas preocupaciones más tendrá. Como también lo es que si a estas alturas su acierto está como está, algo casi absurdo que ya ha demostrado no depender de contextos favorables o niveles discretos, lo normal es que estemos ante uno de los grandes matadores de los próximos tiempos. También de estos, por supuesto. El corpulento delantero noruego nació en Leeds mientras su padre, un forajido defensa que terminó fichando por el Manchester City y cuya carrera terminó cuando Roy Keane le rompió media pierna, jugaba para el equipo que hoy Marcelo Bielsa trata de devolver a la Premier. Es, sin discusión alguna, uno de los nombres del panorama futbolístico europeo. Con la Champions ya de vuelta, se posan sobre él focos y más focos, pendientes de lo que hará en su debut con el Borussia Dortmund en la gran competición de clubes del continente, ante el PSG en el Signal Iduna Park. Será, también, su debut en la fase eliminatoria del torneo. Y ya se sabe lo que acostumbra a hacer en sus primeras veces: en su estreno europeo con el Red Bull Salzburgo, esta misma temporada, le hizo tres goles al Genk en el primer tiempo; cuando se enfundó la camiseta del BVB, metió otro triplete, esta vez entrando desde el banquillo, en apenas 23 minutos, y también vio puerta, aunque solo una vez, en su primer rato con el Molde, el club con el que se asentó en el profesionalismo, si bien lo consiguió en Copa y después en Liga. Con todo, ninguna de estas es ni mucho menos su gran hazaña anotadora. El culmen llegó el pasado verano, durante el Mundial sub 20. Noruega necesitaba aplastar a Honduras para poder clasificarse como tercera y Haaland se lo tomó como una responsabilidad personal: metió nueve goles, récord absoluto en cualquier competición organizada por la FIFA. Toda esta facilidad absurda para ver puerta le ha llevado a escalar a toda velocidad en la jerarquía europea del fútbol de clubes. Del Bryne, de la segunda división noruega, saltó al Molde cuando contaba 16 primaveras. Ahí se fogueó bajo la tutela de Ole Gunnar Solskjaer. En enero de 2019, firmó un contrato de cinco años con el Red Bull Salzburgo, un club trampolín con una importante estructura formativa que hubo de ser plenamente consciente de que para que ese lustro se cumpliese las cosas iban a tener que darse rematadamente mal. Con ocho goles en los seis partidos de la fase de grupos de la Champions, el salto se hizo inevitable. Entre los muchos que llamaron a su puerta estuvo Solskjaer, consciente de que para revitalizar al Manchester United le vendría que ni pintado el olfato de su compatriota. «Fue muy importante para mi camino hacia donde me encuentro ahora mismo. Eso sí, decidimos que Dortmund era la mejor elección», reconoció Haaland una vez ya había estampado su firma en el contrato que le puso sobre la mesa el conjunto alemán. Lo más curioso es que tal era el cartel que se había construido el ariete que fue él mismo quien preguntó a su padre por el BVB. «Le dije que me gustaba. Y él me contestó: Vamos a ver. De repente se convirtió en una opción real», explicaba Haaland. Su fichaje fue la excusa perfecta para desterrar a un Álcacer que había cuajado una primera mitad de curso insuficiente, disgustado el cuadro técnico del equipo de la Cuenca del Ruhr por la implicación que estaba teniendo en los entrenamientos, según varios medios alemanes. Con la inestimable ayuda de un Jadon Sancho lanzado al estrellato, la dupla amenaza este martes al PSG, otra vez sin Neymar, otra vez tembloroso ante una carrera en la que no caben más patinazos.
Fuente de la noticia ABC

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