Godín da vida al Atlético (2-0)

El Metropolitano celebró como si fuera real el gol de Godín que anuló Iglesias Villanueva. Y lo era, aunque tuvieran que pasar algunos minutos para poder cantarlo. La consulta con el VAR hizo rectificar al árbitro, que señaló el centro del campo mientras el capitán del Atlético daba saltos de alegría en solitario ya más cerca de su área que de la del Girona. Podía haber fuera de juego de Griezmann, que fue a pelear la pelota con Iraizoz por arriba. El despeje de puños del portero visitante lo remató de cabeza Godín para mantener viva la esperanza del Atlético.Hasta entonces había dado la sensación de que el Atlético no quería pelea. La posibilidad de disputar la Liga al Barcelona se asomaba al final de la semana. El paso era pequeño y el premio casi inalcanzable, reducir la distancia a siete puntos y esperar una heroicidad en los últimos partidos. Pero antes tenía que derrotar al Girona, un trámite de esos que molestan a los equipos grandes, en mitad de la semana y sin el brillo del fútbol continental. Un trámite que no lo era, porque el Atlético todavía no había sido capaz de derrotar al equipo que entrena Eusebio. No lo había conseguido en Liga y tampoco en Copa, de la que el Atlético fue «expulsado» por el equipo catalán en el Metropolitano. Ni ese aviso ni el remate de cabeza de Doumbia, que obligó a que Oblak madrugara para hacer los primeros milagros, consiguieron despertar al Atlético, incapaz de hacer nada que consiguiera asustar a su rival durante muchos minutos. Hubo que esperar al final de la primera mitad para que un disparo de Koke golpeara en el larguero y diera la sensación de que el Atlético estaba de verdad en el partido. Pero todo era así, a fuerza de apariciones aisladas, sin ninguna continuidad en el juego, sin nada que sorprendiera. El mejor regate del partido fue el que hizo Iraizoz a Morata en su área pequeña que dejó clavado al delantero del Atlético. Y los remates más peligrosos eran los de Doumbia, que volvió a probar de cabeza los reflejos de Oblak. El Atlético estaba atrapado por la apatía, sin nada que ofrecer, y Simeone recurrió a los habituales, a Correa y Vitolo, que esperaban en el banquillo. Su entrada permitió al Atlético acelerar un poco el ritmo de su juego. El Girona se permitía tocar y tocar en el borde del área del Atlético sin más presión que los silbidos de la grada, cansada de ver cómo su equipo se dejaba ir. Griezmann no aparecía. La estrella del Atlético se ha hecho invisible en los últimos encuentros de su equipo. El peligro del Atlético llegaba siempre a través de Morata, una presencia constante en el área, que a veces remataba con intención pero sin acierto –hubiera sido un gol espectacular su remate de primeras sin dejarla caer que se le marchó por encima del larguero–, otras veces se enredaba en regates que no llevaban a ningún sitio y en ocasiones imaginaba un pase pero nunca encontraba compañía que lo recogiera. Hasta que, con el tiempo ya cumplido, corrió medio campo en solitario para levantar la pelota por encima de Iraizoz y cerrar la victoria. Pero Godín ya había llegado antes para salvar la ilusión rojiblanca.

Fuente de la noticia La Razón

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