Francisco españoliza la Iglesia

Los llamados príncipes de la Iglesia fueron entrando ayer a la basílica de San Pedro envueltos en la liturgia de las grandes ocasiones. Se celebraba el sexto consistorio de la era Francisco, en el que el Papa creó 13 nuevos cardenales. De ellos, 10 tienen menos de 80 años, por lo que actualmente podrían votar en un hipotético cónclave, el momento en el que se elige al nuevo Pontífice. Con los últimos nombramientos, el Papa argentino afianza su mayoría en el colegio cardenalicio, ya que la mayor parte de sus integrantes le deben la birreta a Bergoglio. Ante el creciente empuje de un sector ultraconservador, que mantiene prietas las filas esperando la ocasión, esto quiere decir que tendrán que hacer frente a una mayoría diseñada por Francisco. Y en ese órgano, que dibuja los designios de la Iglesia, España está en una posición de privilegio.

Actualmente, nuestro país es el tercero en número de cardenales electores, solo por detrás de Italia y Estados Unidos. Los representantes españoles son siete, que por sí mismos están muy lejos de poder imponer un candidato en una institución compuesta por 128 personas, pero sí tienen la suficiente fuerza como para influir de forma decisiva. De estos siete, algunos comparten el ADN de Francisco, como Ricardo Blázquez, Carlos Osoro o Juan José Omella; Luis Francisco Ladaria no está en la misma línea, pero es uno de los hombres con más poder en el Vaticano, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; mientras, Antonio Cañizares sería el último de los cardenales electores españoles elegidos por Benedicto XVI. Francisco ha ido relegando a los más conservadores para formar un cuerpo cardenalicio español a su medida.

Diálogo interreligioso

Los nuevos en asumir el cargo son el mejor ejemplo. Miguel Ángel Ayuso es presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, uno de los aspectos centrales del pontificado de Bergoglio. Por su parte, Cristóbal López ejerce como arzobispo de Rabat y él mismo se define como un «puente entre el cristianismo y el islam». Ambos, de 67 años, jóvenes para el cargo, son el vivo ejemplo de la Iglesia que defiende Francisco, cercana a la gente, alejada de los lujos y en constante diálogo con otras religiones. Los dos tienen pasado misionero y más carrera fuera del Vaticano que dentro. En un encuentro previo con periodistas, Ayuso destacaba esta semana que esa experiencia les ha dejado «el olor a oveja» del que habla el Papa.

Así que el Pontífice les insistió ayer en eso, en que miren más allá de los muros vaticanos. La palabra que protagonizó su homilía con motivo del consistorio fue «compasión». «En los Evangelios, a menudo vemos a Jesús que siente compasión por las personas que sufren. Y cuanto más leemos y contemplamos, mejor entendemos que la compasioón del Señor no es una actitud ocasional y esporádica, sino constante, es más, parece ser la actitud de su corazoón», pronunció el Papa. «La capacidad de ser leal», añadió, «se basa en esta conciencia de haber recibido compasión y en la capacidad de tener compasión. De lo contrario, no se puede ser leal. Muchos comportamientos desleales de hombres de Iglesia dependen de la falta de este sentido de la compasión recibida, y de la costumbre de mirar a otra parte, la costumbre de la indiferencia». Y señaló que en las Escrituras «los discípulos de Jesús demuestran con frecuencia que no tienen compasión», lo que «es una actitud común entre nosotros los humanos, también para las personas religiosas e incluso dedicadas al culto».

El nuevo cardenal, Miguel Ángel Ayuso, recogió sus palabras. Suyo fue el discurso de agradecimiento, en nombre de los últimos 13 purpurados, por haber sido el primer nombre de la lista en el momento de convocar el consistorio. «La Iglesia misionaria, llamada a recoger el anuncio del Resucitado, se abre al encuentro y al diálogo con las mujeres y hombres de nuestro tiempo. Es una Iglesia que quiere testimoniar la misericordia de Dios a través de todos aquellos que sufren a causa de la violencia y la injusticia», clamó Ayuso. Recordó que el Papa les ha llamado a ser una «Iglesia en salida, ir a las periferias existenciales y caminar por la vía del diálogo ecuménico e interreligioso» y se comprometió a hacerlo. Como él mismo ha hecho hasta ahora.

Anillo y birrete

Esa voluntad de abandonar el eurocentrismo, que ha demostrado también el Papa, volvió a quedar patente en el resto de hombres que ayer se arrodillaron para recibir su nuevo anillo y birrete cardenalicio. Entre ellos había dos latinoamericanos, un africano y un asiático. Además, el canadiense Michael Czerny, jesuita, es subsecretario de la Sección Migrantes del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Y el italiano Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, es uno de los religiosos de este país más comprometidos con los inmigrantes y miembro de la Comunidad de San Egidio, que dedica gran parte de sus esfuerzos a este cometido.

Europa sigue siendo el continente mejor representado en el colegio cardenalicio, pero ya no llega al 50% que tradicionalmente había superado en el pasado. Resulta interesante que América gane terreno progresivamente, pero sobre todo destaca el crecimiento de África y Asia, con un peso aún minoritario, pero, sin duda, cada vez más relevante como caladeros potenciales de nuevos fieles.

De esos 128 cardenales que deberían elegir al sustituto de Francisco en el supuesto caso de que se celebrara en estos momentos un cónclave, 67 han sido elegidos por Bergoglio, por los 43 que creó Benedicto XVI y los 18 que aún se mantienen de la época de Juan Pablo II. No todos los purpurados creados por un mismo Papa responden a un perfil similar, ni su mano garantiza el continuismo. Pero ante ese momento en el que la Iglesia siempre piensa, conviene tener los deberes hechos.

Fuente de la noticia La Razón

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