Evenepoel, Van der Poel y ahora Pogaçar

Diluvia en Burgos en el segundo descanso de la Vuelta y en el Parador de Lerma vuelan preguntas hacia Eusebio Unzué, el director del Movistar, en relación a la nueva ola dominante. El veterano mánager, que lleva 40 años al frente de la estructura ciclista con sede en Navarra, se congratula con su fetiche Alejandro Valverde que quiere pelear la Vuelta sin perder su segundo puesto y su Nairo Quintana que se marcha «porque un cambio de aires siempre va bien». A Valverde lo amenaza hoy un joven esloveno, Tadej Pogaçar, pero el zagal con semblante quinceañero atenta en realidad contra el orden establecido. Es el prototipo para las grandes vueltas de una generación que ha llegado vibrante y explosiva. El belga Remco Evenepoel, el holandés Mathieu Van der Poel y ahora Pogaçar derriban muros con energía. Evenepoel (19 años) ha ganado la Clásica de San Sebastián en su debut profesional. Van der Poel casi ha salido a victoria por carrera, incluyendo la Amstel Gold Race. Pogaçar se estrena en una grande y ya es tercero en la Vuelta con dos etapas de alta montaña. «No podemos apresurarnos con su progresión, pero él tampoco es de frenar mucho», lo define su director, el vizcaíno Josean Matxín, quien lo renovó en junio por tres años antes de la detonación de este esloveno de gustos sencillos vinculado a la bicicleta por todos los costados. «Mi objetivo era aprender y coger experiencia, y me he encontrado súper», comenta el esloveno en un inglés fluido, proveniente de una casa con riqueza lingüística (su madre es profesora de francés). Él procede de una pequeña comunidad en Eslovenia, Komenda, a mitad de camino entre la turística y bellísima Bled (con su lago y sus cercanos Alpes julianos) y la capital Ljubliana (con su hermoso río Ljublanica y sus terrazas floridas donde se bebe Spritz al atardecer). Empezó en el ciclismo por seguir a su hermano y progresó en conjuntos locales apadrinado por Andrej Haupman (uno de los directores del Emirates) y el padre del exciclista Jan Polanc. Una rareza el ciclismo en un país que venera los saltos de esquí (Roglic era profesional de este deporte hasta los 21 años), el biatlón, el baloncesto (campeones de Europa) y coloca en segundo término al fútbol (Oblak). Pogaçar afronta en la Vuelta su primera carrera de tres semanas. No conoce la respuesta de su cuerpo a un esfuerzo mayor de diez días. Cuando más se acercó a esto fue en el Tour del Porvenir 2018 y en el Tour de California 2019. Ganó ambas carreras. También la Vuelta al Algarve. Fue sexto en la exigente Vuelta al País Vasco. «Es una sorpresa para mí estar tan arriba –dijo ayer–. Y tampoco sé explicar por qué los tres maillots de la Vuelta (rojo, verde y blanco) son para ciclistas eslovenos. Supongo que es el trabajo con los niños». Su novia, Urska Zigart, también es ciclista. Lo visitó en Andorra después de lograr la primera etapa en una vuelta de tres semanas. Uno de sus preparadores personales es el vasco Íñigo San Millán, responsables de entrenadores de UAE y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado, donde realiza trabajos clínicos y de investigación en el metabolismo celular, la diabetes, enfermedades cardiometabólicas y cáncer. Pogaçar, que empezó la Vuelta leyendo el libro de «El Padrino», odia el calor, ama el frío o la lluvia. Y dice no ser íntimo de Roglic: «Nos entendemos, nos respetamos, pero no entrenamos juntos».
Fuente de la noticia ABC

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