El señor de la historia

El 13 de mayo de 1981 el papa Juan Pablo II sufrió un grave atentado en la plaza de San Pedro de Roma. Tras ser intervenido, afirmó literalmente: «Tenía que producirse el atentado contra el papa coincidiendo con la fiesta de la Virgen de Fátima, para que la Iglesia y el papa miráramos hacia su mensaje… porque en los designios de la Providencia no hay meras coincidencias».

Lo que el papa expresó es que existen coincidencias, pero no casualidades. Todos hablamos del azar, la suerte… como formas de denominar esa intervención tantas veces oculta del «brazo de Dios» –en expresión de Georges Huber– actuando en la historia.

En este sentido, es conocida la estrecha vinculación entre Fátima y Rusia: las apariciones se produjeron en 1917, año en que fue derrocado el zar Nicolas II y triunfó en aquel país la revolución comunista.

El papa efectuó en 1984 la consagración de Rusia solicitada por la Virgen y, después, caerían el Muro de Berlín –un pedazo suyo se conserva en la explanada de Fátima–, el telón de acero y, finalmente, la URSS. Todo ello, sin que se disparara ni un solo misil entre la OTAN y el Pacto de Varsovia, que contaban con arsenales nucleares capaces de destruir a la humanidad varias veces.

Veremos cómo en el caso de Fátima, los acontecimientos están plagados de reiteradas «no meras coincidencias». De ellas hablaremos, tras este día 13, el 19 de agosto. Retengan esas dos fechas.

Fuente de la noticia La Razón

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