El proyecto de Simeone toca fondo

La aparente descomposición del Atlético de Madrid
de Diego Pablo Simeone se explica a través de temblores. En los mejores días del argentino al frente del navío rojiblanco –pongamos 2014, el año en que la Liga cayó a orillas del Manzanares– un gol como el que ayer metió Correa, una cantimplora en mitad de un partido desierto de virtudes, era el «click» que activaba los resortes que han estampado la firma del cholismo en los registros más distinguidos. Con ellos se desataba el tembleque en el rival, convencido de que ante sí tendría una carrera contra un muro. Hoy, ocho años después de la toma de posesión de Simeone, a quien le entra la tiritona es al propio Atlético, consciente como es de que donde hubo un asidero no queda ahora más que un lamento:el de saber que al alivio por encontrar la portería –22 goles en 20 partidos le contemplan– le sucederá irremediablemente una decepción morrocotuda. Así sucedió el jueves en la Copa en el Reino de León, lo mismo que la jornada pasada de Liga en Éibar. Es la condena del nuevo Atlético. También la de Simeone, hundido en un cenagal tan profundo como nunca lo fue desde que dirige al conjunto rojiblanco. El equipo, un organismo vivo donde se refleja el desgaste que conlleva el paso del tiempo, da señales de encaminar ya ese momento donde se requiere ayuda para todo, por más que haya días, caso del de la debacle leonesa, donde hasta el más pintado se esconde. Entretanto, con el disgusto de la Copa a medio digerir y la mollera del entrenador bonaerense humeando de tanto estudiar soluciones para su peor momento en el banquillo atlético desde el batacazo ante el Qarabag, la Liga se pone cuesta arriba y en la Champions aguarda un Liverpool que mete miedo. Aunque para eso hoy dé lo mismo quien se plante enfrente. Planificación catastrófica
Al 7-3 con el que se resolvió el amistoso que en pretemporada enfrentó al Atlético con el RealMadrid siguieron elogios tremendos. De pronto, sin siquiera haber comenzado la temporada, se resolvió que la plantilla atlética era tan buena como nunca lo había sido. La inversión, la más alta de su historia (Lemar, Morata y Joao Félix, fichados todos en los últimos dos años, encabezan la lista de contrataciones más caras de siempre), invitaba a pensarlo. La realidad, tan cruda como acostumbra, desnudó los puntos flacos del plan orquestado por Gil Marín, Andrea Berta y compañía. Se apostó por ir a la guerra con un solo lateral izquierdo, Lodi, y por allí han acabado desfilando desde Saúl hasta Hermoso. Se creyó oportuno invertir 40 millones en Llorente para acabar haciendo indiscutible a Thomas, que estaba en casa. La anterior temporada se pagaron 70 millones por Lemar con la esperanza de tomar un camino donde la pelota fuese un medio y no una excusa, con el consabido fracaso. Se hizo un órdago al gol con Morata junto a Costa, pero el de Lagarto está ya a otras cosas. Mientras, se suspira por un Cavani de turno que enmiende el roto. El caso Joao Félix
Capítulo aparte merece la mayor apuesta hecha nunca por el Atlético. A los escépticos que surgieron con el inicio timorato de Joao Félix, aderezado con algunos retazos de lo que el jugador amenaza con ser, se les puso en los morros el DNI del luso, con margen para crecer a sus 19 años. El problema es que de ese margen carece un equipo como el Atlético que, instalado por méritos propios en las más altas esferas, tanto dispone de 127 millones de euros como no puede permitirse el lujo de que no le rindan con carácter inmediato. El paradigma de Joao tomó forma también León, donde cuajó un partido errático en el que con cuatro toques contados dejó claro que en la plantilla no hay un jugador más determinante que él. Pérdida de carácter
Después de caer ante el Barcelona en el Metrolitano con un gol postrero de Messi (0-1), Simeone aseguró en rueda de prensa que no había motivos para alarmarse, pues el club está inmerso en una «temporada de transición». El anuncio levantó ampollas entre una afición a la que se había acostumbrado a pelear con los mayores y que ahora, por orden de su pantocrátor, debía rehacer el paladar a los sinsabores. Esa bajada de revoluciones a la que se invitó a la grada tiene su réplica en el campo, donde el goteo de salidas de pilares identitarios del proyecto como lo fueron Godín, Filipe Luis, Juanfran o Gabi han dejado al grupo huérfano de voces cantantes. Es algo a lo que el curso pasado ya afectó el trato especial que recibió Antoine Griezmann. Con el delantero francés se rompió el equilibrio salarial que desde hacía años venía armonizando los egos en la plantilla, convencido a golpe de chequera de posponer por un año su mudanza a Barcelona. La grieta, como está quedando patente, va más allá de lo financiero, algo en lo que las grandes contrataciones recientes habrían ahondado. El gol, un extraño
Mientras Morata sostiene el tema como puede, más goles que nadie (10) en lo que va de temporada, el Atlético pena por la Liga como uno de los equipos con menos pólvora. Correa, con la mitad, es el segundo máximo exponente en lo que se refiere a goles. Los de Simeone son el segundo equipo menos anotador de entre los diez primeros. Los motivos, más allá de nombres concretos, se encuentran en el colectivo, cojo cuando le corresponde ponerse a mover la pelota y chato sin el recurso que durante tanto tiempo le sirvió como sacacorchos, el balón parado. Por más que ya no estén los Godín, Miranda o Raúl García, jugadores que hicieron del Atleti un equipo temible cuando el balón volaba, la baza de las jugadas de estrategia se daba por hecha en el repertorio de Simeone, que este año ha tenido incluso problemas para defenderlas. La condena de las lesiones
Costa, Lemar, Koke, Giménez y Trippier causaron baja ante la Cultural por lesión, en una estampa que en los últimos tiempos ya es habitual. Cuando los partidos se acumulan y la exigencia crece, los cuerpos de los futbolistas rojiblancos dicen basta. El año pasado, sin ir más lejos, el Atlético sufrió más lesiones que jornadas de Liga jugó. Los métodos del «Profe» Ortega, mediático para lo bueno y lo malo, no se discuten mientras se interponga Simeone, que lo defiende sin peros. Las lesiones son, en cualquier caso, la punta del iceberg rojiblanco, crecido hoy por la inoperancia de un equipo que requiere mucho más que un par de tiritas.
Fuente de la noticia ABC

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