El misterio de Michele Marullo

La «operación Michele Marullo» resulta cuanto menos sorprendente. Que la última y única obra de Botticelli en manos privadas haya elegido una galería –la Trinity Fine Art– y una feria –la Frieze Masters– para salir a venta constituye una estrategia tan sorprendente como heterodoxa. La decisión de su propietario de deshacerse de ella resulta lógica habida cuenta del contexto actual del mercado del arte. El récord marcado en subasta por el «Salvator Mundi» de Leonardo ha creado un nuevo y boyante contexto para el arte antiguo, fortalecido además por el escaso número de piezas en circulación. Hasta aquí nada extraño. Lo excepcional de esta operación viene de la decisión tomada por el propietario para montar la transacción. En lugar de optar por una gran casa de subastas, se ha decantado por una galería y una feria. Cualquier consultor al que se hubiera acudido se habría llevado las manos a la cabeza por lo incomprensible de este hecho. Quien llegue a Sotheby’s o Christie’s con una obra de esta envergadura se asegurará un precio de salida mareante y una garantía –es decir, una cantidad segura– estratosférica. El agonismo de una puja puede elevar el precio del último Botticelli libre a cotas históricas. ¿Por qué entones decantarse por la fórmula galería/feria? Dos posibles razones podrían explicar la estrafalaria apariencia de esta operación: 1) que el galerista lleva esta obra a la feria ya vendida, en un precio lo suficientemente ventajoso como para contentar las expectativas del propietario; y 2) que lo que se esconde tras la presencia de la Trinity Fine Art en la Frieze Masters es una subasta encubierta. Si esta segunda hipótesis fuera la cierta, no sería de extrañar que el marchante haya contactado ya con un grupo de grandes coleccionistas a fin de de desarrollar una puja privada. Sea como fuere, la renuncia a entrar en la todopoderosa maquinaria mediática y comercial de una gran casa de subastas es inexplicable. Por muy elevado que sea el precio de venta del retrato de Michele Marullo, siempre quedará la duda de cuál hubiera sido su remate en uno de los glamurosos «evenings» de Sotheby’s o Christie’s.

Fuente de la noticia La Razón

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