El gofio de Canarias: el superalimento que ayudó a Colón a llegar al Nuevo Mundo

Los aborígenes de las islas Canarias ayudaron a la llegada de Cristóbal Colón aportando su conocimiento en la comida. Como excelentes nadadores que eran, en contra de la tesis de que vivían aislados y que apenas conocían el mar, también fueron a América con Pedrarias Dávila a capturar perlas. Como agricultores, cultivaban cebada que, tostada y molida, con la que obtienía una harina que se llama gofio. Los aborígenes canarios la mezclaban con aceite, miel y leche. Un tremendo aporte calórico para hacerse a la mar. El gofio se emplea ahora entre deportistas y se utiliza en la cocina isleña. Cada año se producen tres toneladas en las islas para consumo interior. En América se conoce desde entonces y por la emigración de insulares. Los médicos no impiden su consumo para personas con anemia. El producto está extendido en toda América. Cuando Colón pasó por Canarias en 1492 ya conocería el producto por los canarios que vívían en Madeira y Azores en el cultivo del azúcar y testimonios de cronistas en estuvieron en el periodo de Conquista. Así, Gómez Eanes de Azurara, en 1458, sobre cómo era Guinea señala que estuvo en las islas y los antiguos canarios «no sabiendo amasar el pan, hacían harina que comían con carne y manteca». En 1484 Pedro Gómez Escudero afirma de los habitantes: «… su mantenimiento cebada tostada molida y amasada, su harina llamaban gofio, con leche, caldo y miel silvestre y agua y sal…». Los antiguos canarios eran criadores de cabras y ovejas, comían gofio de trigo y cebada amasado con aceite, miel y leche. Estaban por eso cuadrados El gofio que elaboraban los antiguos canarios se hacía con más de cien variedades de cebada procedentes del Mediterráneo. La profesora de la Universidad de Maryland, Eyda M. Meredizen, en una investigación académica de noviembre de 2018 sobre Fray Bartolomé de Las Casas en Canarias, apunta que tenía conocimiento el consumo de gofio por parte de los religiosos en América. Los académicos coinciden en las islas que Colón, al llegar a La Gomera, se surtió de una serie de productos para la travesía. Necesitaba un alimento que generarse energía para aguantar en caso de generarse problemas de suministros. Y ahí estaba el gofio. Además de obligar a los tripulantes a comer carne todos los días en el periodo de estancia a la espera de vientos favorables, el uso de granos fue clave en la dieta los días posteriores del trayecto, según señala el historiador Elías Serra Ràfols en «Anuario del Instituto de Estudios Canarios» de 1968 sobre esta harina tostada. Gofio de Canarias – PTGC
Amasados
El historiador Babio Walls detalla la descripción hecha por Gaspar Fructuoso, que era de Azores, en su crónica «Saudades da Terra», sobre la importancia de la escala en Canarias: «Ni siquiera en Sevilla se hubiera podido encontrar tantos y a precios tan ventajosos y tomaron miel de abeja, velas de sebo y cera, legumbres, cebada con los molinillos para hacer el gofio… así como una gran cantidad de carne, ánades y pavos», señala Fructuoso. «Saudades da Terra» es una una obra de referencia para el conocimiento de la Macaronesia al final del siglo XVI. Escrito entre 1586 y 1590, se divide en seis volúmenes, es el resultado de las observaciones del autor en las islas y constituirían una descripción detallada de los archipiélagos de las Azores, Madeira y Canarias, así como múltiples referencias al Cabo Verde y otra regiones del Atlántico. Fructuoso señala que «todos son criadores de cabras y ovejas, comen gofio de trigo y cebada amasado con aceite, miel y leche. En tostadores que hacen de barro, muy lisos y limpios, tuestan sobre brasas el trigo y cebada y tienen también molinos pequeños de mano en que muelen; y esto comen con la carne tan asada que casi la queman; y con la cocida, mal cocida, bebiendo dos partes de leche y una de agua mezcladas que ellos llaman beberaje, dos veces al día, andan tan lucidos y gordos. Son tan valientes y ligeros, que admira: luchan, saltan, tiran una piedra a manera de barra, tanto que ninguna otra nación puede ganarles». Molido en el mar
Otros viajes de Colón volvieron a parar en La Gomera. Además de molinos para hacer gofio, se llevaría al Nuevo Mundo caña de azúcar. No se llevó gofio directamente. Lo que se hizo fue llevar pequeños molinos de gofio a fin de prepararlo en la travesía. Babio Walls admite que el gofio no se cita directamente en los diarios de Colón; pero coincide en su tesis el historiador Tejera Gaspar, que apunta: «diversos tipos de granos, previamente tostados y luego molidos, que goza de un largo período de conservación, se hubiera podido llevar fácilmente desde la otra parte del Atlántico». A juicio de Tejera aunque el gofio no se mencione directamente «se podría pensar que Colón se aprovisionó de este producto desde su primer viaje» como ocurre con el queso se embarcó en la Santa María, la Pinta y la Niña.
Fuente de la noticia ABC

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