El genio contra la nada

Johan Cruyff explicó en una entrevista mexicana, poco antes de morir, que el secreto de su fútbol era hacer lo fácil muy bien hecho. Es algo que El Geriátrico que dirige hoy Valverde ha olvidado por completo. Un Barça inconsistente, frívolo, espectador de su propia vulgaridad, y sin ninguna capacidad para hallar la menor continuidad ya no en su juego creativo sino en la mera posesión del balón, naufragó durante la primera parte de la primera mitad «sin saber en dónde estaba ni poderlo adivinar». Y al no poder hacer Rakitic -horroroso- lo fácil, Ter Stegen tenía que hacer lo imposible, como su paradón ante un remate a bocajarro de Mario Hermoso. Sólo Messi encendía ráfagas de luz en su genialidad y en sus individualidades. La victoria ante el Borussia fue un espejismo. Se encontró El Geriátrico a un equipo de difuntos, y aunque fuera con el tacatá acabaron marcando entre los ataúdes. Pero contra futbolistas del siglo XXI, aunque esté en crisis como el Atlético, este Barcelona sólo puede sobrevivir. Un equipo mayor, gastado. Un entrenador sin imaginación, sin agallas para tomar riesgos y sin autoridad para imponerse al capricho de sus jugadores. Un presidente sin proyecto, sin idea, sin la grandeza que se precisa para hacer grandes a los demás. Nada, esto no puede dar nada. Ganaremos partidos, pasaremos eliminatorias, pero a la hora de la verdad la mentira en la que todo esto se sustenta acabará arruinando cualquier intento. Roma, Liverpool y este año lo que venga. Hasta en la final de Copa en Sevilla, el Valencia escribió que el rey iba desnudo. El Barcelona es hoy una tensión entre Ter Stegen y Messi que cortocircuita en el resto del equipo, entre mayor y desmotivado, o frustrado, si es que no es lo mismo. Luego están los que ya han ganado tantos títulos y tanto dinero que ya el fútbol no es lo que más les interesa. El talento permanece, claro, aunque sea sólo un rastro. Piqué remató de cabeza al larguero y Suárez tuvo algo pero no supo aprovecharlo. En estas circunstancias, el Barça oscila entre el ridículo y el pundonor, entre la impotencia física y las genialidades de quien tuvo, retuvo; pero sin ser capaz de responder a una identidad, a un modelo, ni siquiera a un criterio que permita saber qué estamos haciendo. Yo no digo que el Barcelona lo haga todo mal. Yo lo que digo es que no sé qué es lo que está haciendo, ni cuando gana ni cuando pierde. En el mismo sentido, tampoco creo que Valverde no sepa de fútbol ni que todas sus ideas sean desastrosas, pero no sé lo que persigue ni entiendo cómo en cualquier caso calcula que va a conseguirlo sin mandar, sin ser capaz de imponerse a los inevitables niñatos que son los jugadores de fútbol de los grandes equipos, demasiado jóvenes y millonarios para poder funcionar sin perjudicarse a sí mismos sin un «padre» en todos los ámbitos de su vida. Aunque en este caso sí que entiendo por qué sucede, las aficiones tendrían que reflexionar sobre esto de silbar sistemáticamente a un jugador porque le tienes manía. Los pitos del Bernabéu engrandecen a Piqué, le dan prestigio, le estimulon. El Wanda pitando a Griezmann parecía un marido cornudo, rabioso en su impotencia
. Pedro Sánchez en el palco observaba que a su equipo la segunda parte se le hacía larga como a él las segundas elecciones. Continuaba lloviendo en Madrid pero los de Simeone ya no eran lo que en la primera parte habían sido y el partido se volvió todo lo azulgrana que se puede volver un partido cuando al Barcelona le falta fuerza y finura y alguna idea sobre la que edificar. El Atlético era un sueño que no quería morir y de vez en cuando arañaba pero sin poder concretar nada. Mateu Lahoz dio un lamentable espectáculo de arbitrariedad y le perdonó la expulsión a Vitolo. Y al final, ni El Geriátrico, ni Simeone ni el penoso árbitro pudieron con la genialidad postrera de Messi, que cargó la suerte del partido con un formidable disparo. El genio contra la nada encendió la luz, pero jugando así, en Europa naufragas.
Fuente de la noticia ABC

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