‘El elefante rosa’: Alcoholismo y familia

“Sólo una mente golpeada por el alcohol y los excitantes puede estrellar la imaginación contra el delirio […]”. Con esta reflexión comienza ‘El elefante rosa’, la nueva obra de Sergio Torrejón Martínez que acaba de publicar Éride Ediciones en este mes del libro, un testimonio real de las consecuencias del alcoholismo.

Los personajes de ‘El elefante rosa’ comparten con el lector su delirio sórdido, opresivo, tenebroso, en el que reciben la visita de monstruos y personas inexistentes. Un infierno en el que pierden su capacidad de gobierno, un precipicio que lleva a la destrucción de la familia, a la vida sin sentido. La adicción y la destrucción que conlleva: la vida misma.

La obra de Sergio Torrejón toma como título el término acuñado en 1913 por Jack London en su novela autobiográfica ‘John Barleycom’ para referirse a las alucinaciones propias del alcoholismo y del delirium tremens, su síndrome de abstinencia. Un término que nos resulta familiar al recordar al pequeño Dumbo, su melopea accidental y la consecuente danza de elefantesrosas que desde su estreno, en 1941, no ha dejado indiferente a ningún espectador de la edad que sea. Tim Burton, que acaba de estrenar, de la mano de Walt Disney Pictures, la nueva versión de esta película, hace un pequeño homenaje a esta inolvidable secuencia.

El delirio y su despertar, claves del argumento

Con la caída del tercer Reich, Martin Bormann, quien fue secretario de Hitler, huye de Alemania para ocultarse en la España franquista. Encuentra cobijo en los misteriosos montes de Las Hurdes, región al norte de Cáceres, una tierra aislada y solitaria en cuya memoria persisten los misterios, los encuentros con lo desconocido, la magia. Allí dos viejas octogenarias y alcohólicas se prestan a ayudarle, mientras un grupo de milicianos judíos le siguepara darle caza. A partir de ese momento todo es convulso y asfixiante hasta llegar a un desenlace en el que nada es lo que parece. En efecto, resulta del todo imposible comprender el mundo desde los ojos de un alcohólico.

Fuente de la noticia La Razón

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