El caos y la rabia agitan a una sociedad que se siente desprotegida

Las escenas de caos y desesperación se mezclaron ayer con la furia de una población desesperada a la que nadie le puede garantizar su seguridad. Las autoridades de Sri Lanka sabían que existía un peligro inminente de ataque terrorista durante la Semana Santa aunque fueron incapaces de medir la magnitud del atentado. Durante la jornada de ayer, la Policía encontró 87 detonadores de bombas, doce de ellos estaban dispersos en una estación de autobuses, mientras que los 75 restantes aparecieron en un contenedor de basura cercano. Declarado el estado de emergencia desde la medianoche del lunes, ayer se vivieron en la ciudad de Colombo escenas de violencia contra la comunidad musulmana en el país.

En Sri Lanka, la población está acostumbrada a tomarse la justicia por su mano y el día después del mayor atentado terrorista que ha sacudido a la nación desde el fin de la guerra civil en 2009 dejó algunas imágenes que representan el sentir del país. En Colombo, como en otras ciudades, reina la incertidumbre y con ella llega la crispación. En las calles, el nivel de tolerancia es cero ante una barbarie que ha dejado a la población desprotegida y sumida en un toque de queda que se extiende desde las ocho de la tarde hasta las cuatro de la madrugada.

Un vídeo grabado después del mediodía de ayer por el periodista de «The Guardian» Michael Safi muestra a un policía mientras registra a un sospechoso en las inmediaciones de la Iglesia de San Antonio, uno de los tres templos atacados. El trasiego de personas es mayor que algunos minutos atrás, ya que las autoridades habían encontrado un paquete sospechoso en el interior de una furgoneta. Las imágenes revelan a mujeres que agarran a sus críos del brazo para regresar a sus hogares y hombres que deambulan de un lado a otro sin un destino fijo. En el momento en que el uniformado intenta meter en el coche al joven detenido, una multitud se lo impide. Es la muchedumbre la que lleva a cabo su propio juicio, y en cuestión de segundos, decenas de personas agreden sin contemplaciones al arrestado mientras el agente trata de buscar refugio. Poco después, se produjo una detonación controlada no lejos del lugar donde se producía la detención. De nuevo se vivieron escenas de desconcierto. Las Fuerzas de Seguridad habían volado el paquete sospechoso que estaba dentro de la furgoneta.

Los problemas entre la mayoría budista (70%) y los musulmanes (la tercera religión más profesada con un 9,7%) han sido una constante en Sri Lanka. De confirmarse definitivamente la autoría del grupo islamista radical, la situación podría ir a peor según indican los antecedentes. La última vez que se declaró el estado de emergencia en la isla fue el año pasado.

Fuente de la noticia La Razón

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