El autobús del Real Madrid, sitiado por la afición

A las cinco de la tarde se cerró la venta de bebida en copa de cristal en los aledaños del estadio Bernabéu. Quedaban cuatro horas para el partido Real Madrid-Manchester City. El Ribera del Duero o el Rioja se vendía en vaso de plástico. Y la cerveza, que corría más que Bale por los bares cercanos al coliseo de los sueños madridistas. El ambiente comenzaba a caldearse. Los ingleses tomaban tranquilamente sus «beers» y los españoles pedían cubalibres para endulzar el café ingerido en la comida. Una bandera española presidía la última curva que el autobús daba en la Plaza de los Sagrados Corazones antes de entrar en la calle Padre Damián e internarse en el pasillo del estadio donde los futbolistas bajan para entrar en el vestuario. Más de nueve mil aficionados levantaron sus bufandas para recibir al equipo en ese lento tránsito hasta el interior del estadio A las seis, los seguidores de ambos equipos empezaban a impacientarse. Daban vueltas a la espera de la apertura de puertas y poder introducirse en el estadio. Pero en la Plaza de los Sagrados Corazones y la entrada del autobús madridista al campo ya tenía las primeras líneas de espera ocupadas por los seguidores que anhelaban comenzar la fiesta de la llegada del autobús del conjunto de Zidane al Bernabéu. A las siete menos cuarto de la tarde, el lleno era absoluto en la calle Padre Damián, en Concha Espina y en la citada plaza de la iglesia blanca. Colapso total en las seis calles que confluyen en la Plaza de lo Sagrados Corazones. El autobús de los futbolistas tardó en poder girar hacia Padre Damián. Llegó a la plaza a las 19.35 minutos y la invasión era total. Quien no se motive con este apoyo es que no está realmente vivo. Cánticos en contra de Guardiola, alguna bengala a lo lejos. Los jugadores saludaban a través de los cristales del vehículo. Algunos tenían los cascos puestos para escuchar musica. Es esa forma de concentrarse y escabullirse del ruido del bullicio para estar tranquilo mentalmente, respirar, pensar en lo que deben hacer en el campo y jugar bien. Una bandera española presidía la última curva que el autobús daba en la Plaza de los Sagrados Corazones antes de entrar en la calle Padre Damián e internarse en el pasillo del estadio donde los futbolistas bajan para entrar en el vestuario. Más de nueve mil aficionados levantaron sus bufandas para recibir al equipo en ese lento tránsito hasta el interior del campo.
Fuente de la noticia ABC

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