EE UU valora qué hacer con Repsol por su actividad en Venezuela

La crisis de Venezuela no solo propició la caída de los activos que Repsol tiene en el país caribeño sino que ahora la ha puesto bajo el escrutinio de la Administración de Estados Unidos, que quiere que las empresas europeas cierren sus vínculos comerciales con el régimen de Nicolás Maduro.

El enviado especial de EE UU para el país caribeño, Elliott Abrams, estuvo ayer en Madrid para abordar con representantes de Moncloa y del Ministerio de Exteriores un enfoque común a la salida de Maduro del poder. El caso de Repsol –presente en Venezuela desde 1993– fue una de las cuestiones que salieron a relucir y quedó claro que «está siendo sometido a un intenso debate ahora mismo», afirmó Abrams en un encuentro posterior con periodistas. El representante norteamericano añadió que «éste es un caso que la propia Repsol ha planteado en Estados Unidos y está bajo una discusión muy activa en este momento tanto en Washington como aquí». Abrams explicó que en los próximos días «se tomarán decisiones sobre esto en Washington», sin ofrecer más detalles.

Según Reuters, desde que Estados Unidos aprobó sanciones contra la industria petrolera venezolana, los principales proveedores de productos y derivados de petróleo han sido Repsol, la estatal rusa Rosneft, la india Reliance Industries y las plataformas de contratación Vitol y Trafigura. Repsol gestiona en la actualidad varios activos de crudo y gas en fase de desarrollo y producción en el país caribeño. En los últimos meses, la multinacional ha recibido barcos de petróleo de la estatal venezolana PDVSA como pago en especie por la deuda que el Estado venezolano contrajo con Repsol.

Este debate se produce en medio de una ofensiva estadounidense para acorralar y asfixiar política y económicamente al régimen venezolano. La Administración estadounidense ha pedido a los países de la Unión Europea más dureza con el Gobierno de Maduro. En ese contexto se reunió el miércoles en Madrid con el secretario general de Asuntos Internacionales, Unión Europea y G-20, José Manuel Albares, y con el secretario de Estados de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia. El miércoles también tuvo tiempo para hablar con el ex presidente Felipe González, muy involucrado en la crisis venezolana.

Abrams cree que la UE aún puede imponer más sanciones y restricciones de visados a jerarcas del régimen. «La Unión Europea debería considerar si quiere convertirse en un patio de recreo para venezolanos que son criminales, o para sus familias, gente que ha robado dinero al pueblo venezolano», advirtió. Y no descartó la posibilidad de una intervención militar en Venezuela si bien matizó que ahora la Administración de Donald Trump está tratando de buscar «una solución pacífica» mediante «la presión política, económica y financiera» sobre el régimen chavista.

El representante norteamericano sostuvo que ya «existe una intervención militar en Venezuela por parte de militares y agentes de inteligencia cubanos y por soldados rusos», en referencia a la llegada de dos aviones desde Rusia con equipos militares y cien soldados.

Sobre la posibilidad de que altos funcionarios y militares venezolanos puedan exiliarse en España en un futuro, Abrams no descartó que nuestro país y otros puedan acogerlos. Recordó que en los años ochenta, el entonces presidente González ofreció a su homólogo Ronald Reagan esta opción para los responsables de las dictaduras latinoamericanas. Citó también el caso del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, quien se exilió en España hasta su muerte en 2001. «Es una decisión que el Gobierno de España debe tomar», añadió sobre el futuro de Maduro y su cúpula, «cuando el régimen caiga», señaló.

Abrams añadió que nunca pensó que la resolución de la crisis venezolana sería «fácil y rápida», porque, entre otras cosas, «el régimen de Maduro tiene el apoyo de Rusia», pero alabó el papel de Juan Guaidó, el autoproclamado presidente interino del país. «Con él la oposición venezolana ha dejado de estar desunida y desorganizada», zanjó.

Fuente de la noticia La Razón

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