Deborah Kerr: La actriz que inventó Marbella

Deborah Kerr era una vecina más de la urbanización marbellí Río Real. Allí pasó 35 años junto con su marido, el escritor Peter Viertel, con el que contrajo matrimonio en 1960. Llegaron para despistar a todos los focos y los flashes que en Hollywood no les dejaban caminar por la calle. Aquí, en cambio, lo hacían con toda la tranquilidad. Algo que la actriz de «De aquí a la eternidad» y el guionista de «La reina de África» aprovecharon para calmar todas las ansias que rodean a la meca del cine. Pasearon, cenaron y disfrutaron hasta que, en 2007, ambos fallecieron separados por tan solo 22 días. Pero, sobre todo, con la sensación de que lo hicieron en el lugar que ellos querían: con la brisa del mar de fondo y con el ocaso como escenario. Nueves meses después, el Ayuntamiento de la ciudad presentó unas placas ceremoniales en dos de sus calles con sus nombres. Su paso por ellas aún se recuerda con tanta pasión como nostalgia. La pareja consiguió hacer de este enclave un lugar más templado, más exclusivo.

Como ellos, actualmente, el perfil de visitante que viaja a Marbella va buscando exclusividad, lujo, playas, compras y estilo de vida, entre otros. Pero su centro histórico cuenta con numerosos lugares de interés para conocer, además, su historia y cultura. El corazón del municipio se sitúa en la plaza de Los Naranjos, de época renacentista, flanqueada por históricos edificios como el Ayuntamiento y la antigua Casa del Corregidor. Cerca, se encuentra la Iglesia Mayor de la Encarnación, construida en el siglo XVI. En este mismo entorno se levanta una de las torres que formaban parte de la antigua fortaleza árabe, así como numerosos yacimientos arqueológicos encontrados en la zona, entre los que sobresalen la basílica paleocristiana de Vega del Mar, las termas de Guadalmina o la villa romana de Río Verde. La gran oferta cultural se completa con el Museo del Grabado Español Contemporáneo, ubicado en el Hospital Bazán. Alberga una interesante colección de grabados de los siglos XIX y XX, con obras de Picasso, Miró o Dalí.

Todos estos atractivos contrastan con los pequeños bares de tapas y los restaurantes de alta cocina que se reparten por sus zigzagueantes callejuelas. Aquí, el pescaíto frito, el ajoblanco o el gazpacho son algunas de las sabrosas sugerencias de la gastronomía local. Los amantes del deporte también encontrarán aquí un paraíso: una docena de campos de golf permiten practicar esta modalidad al más alto nivel durante todo el año, en medio de parajes de insólita belleza natural. Aquellos que se decanten por las actividades náuticas encontrarán en esta población tres puertos donde podrán iniciarse en la especialidad que deseen. Pero, tan pronto nos alejamos del centro llegamos a la Milla de Oro, llamada así por los imponentes chalets que hay en frente de la playa y que hacen de la zona una de las más caras en Europa. Ésta alberga también el Marbella Club Hotel, fundado en 1950, es un hotel de lujo de cinco estrellas que le dio fama a la localidad como lugar de recreo para ricos y famosos. Más tarde, se sumaron al numeroso grupo de celebridades el Rey Fahd de Arabia Saudí, que tiene un palacio de verano y una mezquita en la milla dorada.

En un reciente documental, «El pionero», que ronda la figura de Jesús Gil y Gil, ex alcalde de Marbella, se rememora cómo este personaje intentó que la ciudad recuperase glamour de aquella época. No obstante, aunque sigue contando con gente bastante exclusiva, sobre todo concentrada en Puerto Banús, ahora es difícil encontrar en Marbella gente del talante, la reputación y la carrera artística de Deborah Kerr.

Fuente de la noticia La Razón

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