¿Cuál es el precio para el «Sí» del hombre de paz?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha logrado algo tan «legítimo» (para él), con el fin de ganar las elecciones del 28-A, pero tan espurio cuando se trata de mantener la unidad de España, como «dar la llave» a un elemento tan representativo del separatismo vasco como Arnaldo Otegi, que llegó a militar en ETA, por lo que estuvo en prisión. Lo que ha ocurrido en las últimas 48 horas (y que Otegi se ha apresurado a pregonar a los cuatro vientos) no tendría mayor relevancia si el receptor del «sinfín de llamadas» que ha recibido en las últimas 48 horas, procedentes del «partido en el Gobierno» no fuera Otegi. «Constatamos que EH Bildu tiene la “llave” en esta votación». Al máximo dirigente del PSOE no le ha temblado la mano ahora, como tampoco le tembló en la investidura, cuyo único fin era echar de la Presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy, para acudir a los que actuaron como brazo político de ETA con el fin de pedirles su apoyo. Los separatistas, y singularmente los que representa Otegi, no dan un voto si no es a cambio de algo. Por ello, fuentes de EH Bildu se apresuraron a aclarar (por si alguno se hallaba perdido) que «vamos a jugar la partida en consonancia a cómo la vamos a jugar a partir del 29 de abril, de forma coherente a cuando el soberanismo independentista será determinante para lograr mejoras sociales». Que, traducido, significa (porque en esto, tanto a ETA, como a su brazo político, siempre le gustaron los circunloquios más o menos crípticos) que la independencia del País Vasco será puesta de nuevo sobre la mesa. Mucho precio para lograr la permanencia en el Palacio de la Moncloa. En el colmo de no complicarle las cosas demasiado a Sánchez, esta vez no le han recordado los presos de la banda que, también, estarán encima de tan singular mesa. Que Otegi y su diputada en el Congreso, Marian Beitialarrangoitia, hablen de «conquistas sociales para la ciudadanía de Euskal Herria y los trabajadores», no deja de ser un bla, bla, bla, detrás del que están (y no lo esconden) sus auténticos objetivos estratégicos. Para EH Bildu este voto es un mero movimiento táctico hacia dichos objetivos. Otegi, que ha tenido que contemplar cómo ETA era derrotada operativamente por las Fuerzas de Seguridad, se jactaba ayer de su triunfo «político»: «La izquierda independentista es determinante». Si se analiza de forma objetiva lo que ha ocurrido, nada habría que reprochar a Otegi. Ellos se han limitado a recibir el regalo: la llave. La historia está repleta de episodios de personas que recibieron regalos envenenados: es verdad. Pero también de quienes se envenenaron al donarlos.

Fuente de la noticia La Razón

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