Casa de la Cascada

Casa de la Cascada (Fallingwater), Pensilvania, USA; de Frank Lloyd Wright – Concebida como residencia de campo de Kaufmann, dueño de unos grandes almacenes en Pitsburg y mecenas de LLoyd Wright, a su vez considerado el más grande arquitecto norteamericano, es un soberbio ejemplo de arquitectura orgánica, esto es, plenamente integrada en el entorno. Su autor no alzó la mansión junto a la cascada, la diseñó sobrevolándola. Hasta el punto de que sus cimientos son las propias rocas del abrupto torrente. Este concepto, esta valiente invención determinó el singular carácter vertiginoso del edificio, cuya magia de grandes rectángulos que parecen plataformas para ovnis y agujas que practican una acupuntura ciclópea, con el agua fluyendo constante por debajo, ha seducido a más de 4 millones de visitantes desde que la donara la familia propietaria y se abriera al público. Recientemente, ha sido designada Patrimonio de la Humanidad. La Casa de la Cascada (1936-38) es una variación dentro del género de las casas colgadas, cuyo derecho universal tenemos en Cuenca, y que el gran arquitecto manchego Miguel Fisac recreó en clave contemporánea, un poco a lo Lloyd Wright, en su diseño de la Casa de la Cultura conquense. En su recreación, Luis Acosta resalta y potencia la belleza innegable del modelo. De entrada, intensifica el carácter aéreo de la edificación con una eclosión de azules que representa la cascada: como una ciclópea ave que soportara en su vuelo a la casa. Además la envuelve con uno de esos trazos de geometría surreal que salpican casi toda su pintura: no sé sabe si conexiones de una tecnología secreta o cordones umbilicales entre lo celeste y lo telúrico, los dos universos, junto con el infernal (el castillo maldito del tener que vivir, según Álvaro de Campos) que habitamos y soñamos.
Fuente de la noticia ABC

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