Carmen Calvo regresa al Vaticano tras la polémica

La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, volvió ayer al Vaticano como representante de España en el consistorio. Todos los países que cuentan al menos con un nuevo cardenal envían una delegación oficial y Calvo fue la elegida por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Antes de la liturgia, el Papa saludó a los representantes de los gobiernos. La vicepresidenta española regresó a la Ciudad del Vaticano en un ambiente mucho más cordial después de la visita de hace un año al secretario de Estado, Pietro Parolin.

Las aguas no venían demasiado tranquilas en aquel momento y tras el encuentro terminaron de enturbiarse. Sánchez buscaba en el Vaticano un aliado para cumplir su promesa de sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos y ese fue el mensaje que anunció Calvo después de la reunión. La vicepresidenta se marchó exultante de Roma, sin dar declaraciones, aunque en su llegada a Madrid aseguró que la Iglesia católica se había comprometido a «encontrar una salida que obviamente no puede ser La Almudena», como lugar para depositar los restos. Un día más tarde, en un comunicado muy inusual, porque rara vez la Santa Sede desdice a un Gobierno, el Vaticano matizó que «no se oponía a la exhumación de Franco», pero que «en ningún momento se pronunció para el lugar de la inhumación».

Herramienta de presión

Las relaciones nunca han atravesado por un momento crítico, pero en el Vaticano no gustó que se les quisiera utilizar como herramienta de presión. Sin embargo, la mayor tensión llegó cuando días antes de despedirse como nuncio en España, Renzo Fratini dijo en una entrevista con Europa Press que el Gobierno «había resucitado a Franco» con su decisión de sacar sus restos del Valle y que «la historia juzgará» al dictador. España elevó una queja formal al Vaticano, que desde Roma despacharon días después respondiendo que las declaraciones del nuncio fueron «a título personal».

Ahora, la decisión del Tribunal Supremo, que permite al Gobierno cumplir con una promesa electoral que se les había enredado (y a la espera de la fecha para llevar a cabo el traslado), ha devuelto la normalidad a las relaciones entre España y el Vaticano. Desde la Santa Sede ya han manifestado que no se van a oponer y ambas partes entienden que el asunto ha quedado zanjado. El nombramiento como nuevo nuncio en Madrid de Bernardito Auza, uno de los diplomáticos vaticanos de más alto nivel, también demuestra la voluntad de estrechar de nuevo los lazos.

Fuente de la noticia La Razón

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