Arroyomolinos, el suflé naranja de Ciudadanos

Una glorieta repleta de enormes tinajas y flores amarillas pronto será «repoblada» de ejemplares naranjas. Así nos lo hace saber un jardinero municipal que poda, un tanto indignado, una de las múltiples zonas verdes de Arroyomolinos. «Aquí parece que Ciudadanos prioriza las flores y la estética a las políticas sociales», protesta. En este pueblo madrileño, ubicado a 30 kilómetros de la capital, el partido de Albert Rivera ha asentado desde las elecciones de 2015 uno de sus principales bastiones. El 20-D consiguió arrebatar al Partido Popular su liderazgo tradicional y tras la repetición de comicios el 26-J, pese a conseguir un segundo puesto, logró que el alcalde del municipio se pusiera por primera vez en la historia del pueblo una «chaqueta» naranja. Visitamos cuatro años después este pueblo convertido desde hace tiempo en uno de los «dormitorios» de Madrid para tomar el pulso a sus vecinos y analizar el fenómeno de Ciudadanos en el que es uno de sus principales feudos. «Aquí hemos sido siempre bastante conservadores, pero en 2015, con todo el tema de la corrupción la gente decidió apostar por los nuevos partidos y el que más se parecía al PP era Ciudadanos, así que la mayoría de la gente optó por cambiar. Lo malo es que estos años tampoco han hecho demasiado y encima, el primer alcalde de Ciudadanos también tuvo que ser expulsado por corrupción, lo sustituyó otro del mismo partido, pero a la gente le molestó bastante», explica Susana, una administradora de fincas de 43 años que en esta ocasión duda entre volver a votar a los de Rivera o los de Sánchez. Lo cierto es que el caso del ex alcalde, Carlos Ruipérez, que se convirtió en el primer edil de ciudadanos detenido por corrupción, ha sido sin duda una mancha importante para la formación naranja. Los posibles amaños de éste con el grupo Sacyr dentro de la macrooperación Enredadera le obligaron a dejar la política y un nuevo acuerdo en el consistorio colocó a Andrés Martínez como nuevo edil, también de Ciudadanos. «A mí me da que realmente todo fue un poco de montaje y rencillas de partidos. Carlos era del PP y se pasó a Cs y eso no se lo perdonaron, se la tenían jurada», analiza Carlos Rodríguez, un jubilado que lleva viviendo en Arroyomolinos más de 20 años. Este sexagenario está un poco harto de política y pese a decir que no le gusta hablar del tema, pronto se monta una tertulia en toda regla en la terraza del bar La Cavida. «El boom de Ciudadanos llegó por gente que toda la vida había votado al PP, así que aquí siempre nos gobernará la derecha. Yo creo que después de las próximas elecciones tendremos el tripartito andaluz en versión madrileña», añade Rodríguez. «Se van a meter una buena leche en esta ocasión, porque no han hecho las cosas bien, se les confió el cambio pero no ha llegado. Volverá a ganar el PP. La verdad que Arroyomolinos en estos cuatro años ha ido a peor», lamenta el jubilado. A su lado está Jessica, que ronda los 30 años. Un perfil de votante muy significativo en esta localidad que ha sido nombrada la más joven de toda España. «Aquí viene gente joven, con hijos, tenemos la mayor tasa de natalidad, y ¿qué es lo que nos encontramos? Que no hay matronas.», critica. «A mí Rivera me gusta mucho, le veo un político competente, pero una cosa son las elecciones generales y otra las locales. Aquí, la verdad, es que no han sabido hacerlo muy bien y se han hecho cosas reguleras», reconoce Rodríguez. «Creo que a nivel nacional va a seguir progresando, pero su error ha sido convertirse en ciertas cosas en una extensión del Partido Popular», añade. Una opinión que encaja a la perfección con los datos. En los comicios de 2015, Cs se hizo con 4.641 votos en esta localidad, por delante del PP, que se quedó con 4.254. En 2016, el partido de Rivera cayó en poco más de 600 votos y les superó el partido entonces liderado por Mariano Rajoy. Aun así, alcanzó un 28% de los votos, quince puntos por encima de los resultados generales. Sin embargo, en las municipales, pese a gobernar Ciudadanos con apoyo de un partido local y el PSOE, siempre el PP ha sido quien ha llevado la delantera. «Aquí había mucho caciquismo y se confió en Ciudadanos, porque nos prometió muchas cosas, como por ejemplo, un nuevo centro de salud, pero lo que han hecho al final es cerrar el que teníamos y ponernos unos barracones, así que ahora la gente se lo pensará dos veces», asevera Estrella. Precisamente, el tema sanitario es uno de los debates más calientes en Arroyomolinos, todos sus vecinos aluden al mismo asunto cuando se les pregunta por el éxito de los naranjas en su municipio. A los pies del antiguo centro de salud, que ahora está en ruinas tras abandonarse las reformas, nos atiende Silvia, de 39 años. «Cuando aún no habían llegado al poder dijeron que lo primero sería la gente del pueblo y luego los de fuera, pero no ha sido así. Es cierto que nos han bajado el IBI y han eliminado el impuesto de las basuras, pero creo que es insuficiente. Además, lo que han hecho ha sido meter en el Ayuntamiento a muchos enchufados y eso ha provocado muchas quejas», lamenta mientras barre los alrededores de las «ruinas» del centro de salud. Ella tiene un hijo de siete años y agradece que en los últimos años se hayan construidos más parques y zonas de juegos para los niños, «pero podrían hacer mucho más», sentencia. Los familiares de Carolina, otra vecina, volverán a votar a Cs porque sí considera que han implementado el cambio en el pueblo. «Sobre todo en materia deportiva, pesa más lo bueno que ha hecho que las cosas negativas. Mi hermana por ejemplo tiene niños pequeños y la verdad es que se han volcado mucho en políticas infantiles», explica. Y es que este municipio madrileño se ha convertido en un «refugio» de matrimonios jóvenes que, ante la imposibilidad de vivir en Madrid por los altos precios, optaron por localidades dormitorio como Arroyomolinos. Así, la media de edad aquí es de 31 años (el 49% de la población está por debajo de los 35 años) y la población ha pasado de ser de 3.000 habitantes a 30.000 en los últimos años. Según datos del consistorio, además, la tasa de natalidad del municipio alcanza los 20 nacimientos por cada 1.000 habitantes. Sara, que tiene 21 años y se dirige con prisa a Correos para recoger una notificación antes de ir a la Universidad, es de esas jóvenes que ve con buenos ojos que su pueblo sea uno de los «bastiones naranja». «Han revitalizado mucho la vida de aquí, han apostado por mejoras públicas y atención a los más jóvenes. Habrá señores mayores que se quejen, sobre todo por lo de los médicos, pero yo creo que sea una opinión mayoritaria. Además han traído muchas actividades, se organizan muchas fiestas… Creo que se volverá a votar a Ciudadanos, aunque no hayan sido perfectos. Eso sí, podrían esforzarse un poco más en el tema de las conexiones con Madrid», reconoce, y es que para ellos es fundamental porque la mayoría se desplaza cada día hasta la capital para trabajar o estudiar.

De hecho, el pueblo por las mañanas parece una localidad fantasma habitada tan solo por jubilados, como Rodríguez que tras la tertulia, apaga el cigarrillo y envía un mensaje a Rivera: «Que no se confíe, que la política está muy revuelta y aquí se puede llevar una sorpresa», vaticina.

Fuente de la noticia La Razón

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