Arriba y abajo

La ciclotimia mediática tiene ahora a Zidane en la cresta de la ola. Hace un mes estaba en la sima. Bien se ve que en el fútbol, como en la vida, los medios van con el que gana: con Zidane, que viene de ganar al Alavés en Vitoria, la capital de don Heraclio Fournier, el de las barajas, que era de Burgos, como el Condado de Treviño, y con Luis Enrique, que ha vuelto al cortijo de Rubiales con el andamio para, desde lo alto, hablar al pobre Moreno, el becario que dejó para poner los conos y cuidarle la silla, como sólo habla alguien que a la hora del culín («¡de sidre, oh!») se cree Zaratustra, y que suena a falso incluso cuando dice la verdad, como dice Zaratustra al mono de Zaratustra. No debe chirriarnos la pareja Rubiales-Luis Enrique al frente del Combinado Autonómico; igual que la pareja Sánchez-Pablemos al frente del Boletín Oficial del Estado (sorprende que en un país atestado de demócratas ninguno haya reparado en la anomalía «democrática» de que no se llame Boletín Oficial de la Nación), constituye la crema de la sociedad española de 2019. ¡Las élites! -Dice de mí cosas que no me merezco, y no sé por qué no quiere que esté con él -dice de Luis Enrique el pobre becario de Luis Enrique-. Si yo no hubiera seguido, Luis Enrique no sería seleccionador. Pero los analistas han hecho piña en apoyo del vencedor, gato francés con Messi y tigre bengalí con el becario, actitud que va con el oficio. -No lo quiero en mi staff -zanja Luis Enrique, que apunta a Luis XIV («el staff soy yo») por su sentido privado del banquillo público. Tres descorbatados de la España neocastiza, Rubiales-Molina-Luis Enrique, forman el Tanque de Pensamiento del fútbol español para ir por el extranjero. Preside Rubiales, el sindicalista que descubrió que se vive mejor de patrón que de marinero. Dirige Molina, el portero atlético al que Clemente hizo debutar de extremo izquierdo en el Combinado Autonómico en sustitución de Juanma López. Y entrena Luis Enrique, aunque no se sabe quién le levantará el andamio. En éstas andábamos cuando el sábado llegó la victoria de Zidane en Mendizorroza ante el Alavés de Laguardia, Wakasu y Joselu, a continuación del empate en el Bernabéu ante el PSG de Mbappé, acontecimientos que ya excitan la imaginación de los rapsodas, que creen haber visto al Milan de Sacchi en este Madrid que, con Isco y Lucas Vázquez, vuelve a aspirar a todo. -En partidos así se ganan las Ligas -dijo Marcelo en Vitoria, y la frase ha quedado grabada en piedra, si bien, echando cuentas, resultaría que él en diez años habría jugado cuatro, que son las Ligas que se ha llevado. Mas el zidanismo es un ismo basado en la superstición: visitante nocturno que imparte instrucciones a Zidane, prodigios que parecen extraídos del Apocalipsis en los momentos decisivos, y por supuesto, elefantes blancos, como es el caso de Isco, el giróvago que enloquece a la afición, incluso cuando la insulta. Si Valverde tiene a Messi, Zidane tiene a Isco, que supera al argentino en elogios periodísticos. Del complejo madridista de que el Barça es esteticismo y el Madrid cojonudismo se resarce el pipero poniéndole palmeros a Hazard… ¡y a Isco! En la «hestética» de Juan Luis Romero Peche se nos enseña que la apreciación de la Belleza es a los fantasmeos de los «hestetas» (piperos y rapsodas) como el amor cortés a las sudorosas maniobras con una muñeca hinchable. -Mas los «hestetas» sobrevivirán a todo, porque los suyos siempre serán argumentos progresistas y rebeldes, es decir, sentimentales. Isco nos quiere, Bale no nos quiere. Lo que el sábado lloraron los piperos por el poste totémico que impidió el golde Isco no se veía en mucho tiempo. ¡Poste de Isco! ¡Los postes contra Isco! Volvía Isco, que había ido a pesarse, y un poste impedía el triunfo absoluto de Isco. El otro elefante blanco es Lucas Vázquez; lo es desde el penalti que en el descuento le pitaron a la Juve en el Bernabéu. Son bolas que Zidane va colgando en el árbol navideño de su baraka. Vinicius corre, dribla, llora, pero no ha metido bajo la almohada de Zidane su dientecito de la suerte, como Isco y como Lucas Vázquez. Dado que quienes ven en el Madrid de Zidane que jugó en Vitoria al Milan de Sacchi son los mismos que en el Madrid de Zidane que jugó en Mallorca sólo veían al Rayo de Paco Jémez, empiezo a pensar que con el Madrid de Zidane nos ocurre algo parecido a lo que con la Virgen le ocurría a Dumas: -Yo tengo dos opiniones de la Virgen: una para los periódicos y otra para los amigos.
Fuente de la noticia ABC

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