Álex Mumbrú: «No creo que haya que estar enfadado o dar gritos para ser entrenador de baloncesto»

Son días de mucho trabajo para Álex Mumbrú, pues la actividad se redobla alrededor del equipo tras la clasificación para la Copa del Rey. Esta vez, el catalán no estará en la pista sino en el banquillo del Bilbao Basket, lugar que ocupa desde que colgara las botas en 2018. De la cancha a la banda, sin transición. Un reto que agarró con fuerza y que le ha llevado de la LEB a la Copa en apenas un año y medio. Cuando se acababa su carrera, ¿qué barruntaba sobre su futuro? ¿Siempre tuvo claro que quería ser entrenador? Yo ya llevaba años pensando en que esto del baloncesto se iba a acabar en algún momento y por eso me gustaba ir tomando notas de cosas referentes a la táctica y me fijaba mucho en lo que hacían los técnicos que tenía alrededor. Era algo que me gustaba y sí tenía claro que mi futuro iba a ir por ahí para poder seguir ligado al baloncesto… ¿Pero pensó que iba a ir todo tan rápido? ¡Qué va! Cuando me ofrecieron entrenar al Bilbao Basket me lo pensé mucho, porque era una gran oportunidad para empezar rápido, pero podía también acabarse rápido. A veces desconoces cuál es el mejor camino, si empezar desde abajo, si empezar como ayudante o como lo he hecho yo. Al final no sabes cuál es el mejor momento y tienes que aprovechar las oportunidades. Ahora estoy contento por cómo ha ido todo, pero entonces tenía muchas dudas. ¿Es de los que le gusta agarrar las oportunidades cuando se le presentan? En el mundo del deporte, las oportunidades no las puedes dejar pasar, porque no sabes si van a volver. En el baloncesto hay muchos grandes entrenadores y, si dejas pasar el tren, quizá no lo cojas nunca. Tuve la suerte de que el Bilbao Basket me ofreciera el puesto y, por suerte, todo ha ido bien. ¿En qué se parece el Mumbrú jugador al entrenador? Como jugador lo quería tener todo controlado. Era bastante maniático y esa búsqueda de la perfección es algo que me gusta mucho inculcar ahora a mis jugadores. Luego, hay muchas otras cosas que tenía como jugador que intento dejar a un lado. Porque en la cancha yo tenía la sangre muy caliente y en la banda intento ser más frío y transmitir las cosas con más calma. ¿El entrenador de baloncesto tiene que ser un tipo enfadado? No, pero es que hay gente que se piensa que si no gritas, no eres exigente. Cada uno tiene su manera de entrenar y de decir las cosas. A Aíto, por ejemplo, lo tuve cuatro años como entrenador y nunca pegó un grito y es, sin duda, uno de los técnicos que más y mejor transmite a sus jugadores. No creo que haya que estar enfadado para ser entrenador. A veces la exigencia no es pegar un grito, sino conseguir que la gente haga lo que tú quieres. Algunas veces yo también me enfado, pero no creo que ese sea el mejor camino. Cada uno debe tener su identidad y yo tengo la mía propia. ¿Quiénes son sus referentes? He tenido la suerte de tener a muy buenos entrenadores. Aíto, Scariolo, Joan Plaza, Katsikaris, Sito Alonso…todos han sido muy buenos y de todos he aprendido algo. Aíto fue el que más me ayudó a mí como jugador y quizá por eso le tengo como un referente especial. Luego hay otros, como Obradovic y Pedro Martínez, que me han marcado, aunque no he jugado para ellos. «A Aíto lo tuve cuatro años de entrenador y nunca pegó un grito. No creo que haya que estar enfadado para ser entrenador» En dos años ha llevado al Bilbao Basket de la LEB a la zona noble de la ACB… ¿Tan fácil es esto? (Se ríe). No, para nada. Yo llevaba tanto tiempo pensando en esto que quizá eso ha ayudado a que todo haya salido bien. Si no hubiera estado tanto tiempo preparándome antes de colgar las botas, no habría ido tan bien. Además, haber comenzado en la LEB creo que me ha ayudado. Fácil no ha sido, pero creo que lo hemos hecho parecer fácil. ¿Es un milagro? No, lo que hay es mucho trabajo. Del cuerpo técnico, de la dirección deportiva, del club y de los jugadores. Hay un proyecto muy serio en el que yo solo soy una pieza más para que todo salga lo mejor posible. ¿Es posible hacer frente a los grandes con esa filosofía? Si le soy sincero, solo creo que se les puede hacer frente a los grandes cuando juegan en Europa. Cuando vienen de la Euroliga, porque les pillas distraídos, cansados… Si no, es muy complicado. Si nosotros tuviéramos que jugar viernes y domingo, llevaríamos muchos menos partidos ganados. ¿Y tiene solución esa diferencia? La solución sería que el presupuesto estuviera nivelado entre todos, pero eso es imposible. Lo que tenemos que tener presente es el objetivo de cada uno y el nuestro, a día de hoy, no puede ser ganar la liga. ¿La Copa entra en sus objetivos? No entraba en nuestros planes estar aquí. Es un regalo al trabajo bien hecho y vamos a intentar disfrutar el momento, aunque sabemos que es muy complicado poder ganar el primer partido y, mucho más, el título. Vamos a competir, pero sobre todo a disfrutar. «Que se dude de un jugadorazo como Llull me parece hasta gracioso. Es normal que falle a veces» ¿Es el Real Madrid más vulnerable de la temporada? Yo creo que esas derrotas del Madrid a las que se refiere, si hubieran sido en partidos importantes, no habrían sucedido. No es fácil motivar a los jugadores disputando tantos partidos, pero estoy seguro de que el Real Madrid va a salir de otra forma en esta Copa. Ustedes ya le han ganado este año a los blancos… Pero aquello no tiene nada que ver. El Madrid venía de jugar contra el Barcelona y llegó a Bilbao un poco relajado. Quizá no nos conocían tanto, pero ahora eso no va a tener nada que ver. El Madrid está en modo de ganar títulos y será muy complicado. ¿Le viene bien que jugadores como Llull no lleguen en su mejor momento? Que se ponga en tela de juicio a un jugadorazo como Sergio Llull me parece gracioso. Cualquier equipo de Europa querría tenerle en su vestuario. Es un gran jugador que ha disputado muchos partidos a un nivel increíble. Claro que falla de vez en cuando. Pero es que, si no lo hiciera, estaríamos hablando de algo fuera de lo normal. Aquí lo que hay que recalcar es lo que le ha dado Llull al Madrid o a la selección y lo que le queda por dar. Cuando oigo ese tipo de cosas me parece increíble. Y cuando ve en el equipo de enfrente a un jugador como Felipe Reyes, casi coetáneo, ¿le dan ganas de salir a la pista? No, no. Ese sentimiento ya se me ha pasado. Lo dejé porque ya no tenía la gasolina para estar al nivel que quería como jugador, pero como técnico sí que tengo la gasolina a tope. Solo pienso en hacer que mi equipo juegue lo mejor posible al baloncesto.
Fuente de la noticia ABC

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